Resumen de Parshat Mishpatim
...Moshé fue convocado solo para recibir las dos Tablas de la Ley sobre las cuales D-s había inscripto los Diez Mandamientos, a fin de que le fueran enseñados ampliamente al pueblo... Moshé subió al monte Sinaí, que estaba cubierto por una nube; luego penetró en la bruma de la nube y permaneció allí durante cuarenta días y cuarenta noches.
La parshá Mishpatim enumera muchas leyes básicas para la preservación de una existencia civilizada entre los Bnei Israel.
El primer grupo de leyes promueve el trato humanitario de los esclavos.
La parshá también trata las leyes referentes a agravios: si alguien hiere a otro durante una pelea, es considerado responsable por las pérdidas de beneficios de la víctima y por los honorarios médicos. Asimismo debe compensarla por dolor, turbación y herida física. Si mientras está luchando con otro hombre golpea accidentalmente a una mujer y causa su aborto, es responsable y debe pagar por los daños causados. Si el dueño de un animal peligroso no toma las precauciones adecuadas y la bestia mata a un ser humano, debe ser sacrificada y el dueño, castigado. Si un animal mata a un esclavo no judío, el dueño de éste recibe treinta shekalim de plata como compensación.
También debe pagarse compensación por daño a la propiedad. Si un animal muere después de haber caído en un pozo descubierto, el responsable de la negligencia debe pagar a su propietario el valor del animal y deducir el precio de la res muerta. Si el buey de un hombre mata al de otro, el primero es vendido y los dueños se dividen la ganancia de ambos bueyes.
Si alguien roba y luego sacrifica o vende un buey, debe pagar el quíntuple de su valor al propietario, en tanto que si roba una oveja sólo debe pagar el cuádruple. Si el ladrón es capturado con el animal en su poder, paga el doble. Un dueño de casa puede alegar homicidio justificado si mata a un ladrón que penetra en su casa durante la noche; sin embargo, es acusado de asesinato si mata a un ladrón durante el día. Si el ladrón es muy pobre y no puede devolver lo robado, es vendido como esclavo.
Cuando un hombre permite a sabiendas que un animal suyo deambule por el campo o el viñedo de otro hombre, y causa algún daño, debe evaluarse las mejores partes de sus campos como base para estimar la compensación. Una pena similar es aplicada al hombre que enciende un fuego y ocasiona, por descuido, el incendio de la propiedad de su vecino.
Si se confía dinero o propiedades al cuidado de un individuo al que no se le paga por ello, y son robados, el propietario debe recibir el doble del valor del objeto faltante. Esta multa es pagada por el ladrón si es capturado, o por el depositario si es capturado, o por el depositario si es hallado culpable de desfalco, o por los testigos que acusen falsamente al depositario de tener el objeto en su poder. El depositario puede absolverse a sí mismo de obligación si hace un juramente de que no es responsble por la pérdida del objeto.
Cuando un animal confiado a un guardián pago muere y es lastimado o robado, el depositario puede también prestar juramento de que no es responsable. Sin embargo, si el animal es robado, el guardián será responsable. Si el animal es maltratado por bestias salvajes, el depositario no es responsable si puede devolver la res. Si alguien toma prestado un animal es responsable por su muerte o herida, a menos que el dueño esté presente en el momento del accidente.
La Torá advierte que un extranjero no debe ser maltratado o insultado en forma alguna, pues los judíos mismos fueron extranjeros en la tierra de Egipto. Igual consideración debe mostrarse a la viuda y al huérfano. De lo contrario, Hashem descargará Su cólera sobre cualquiera que se aproveche de su mala situación.
Los préstamos deben hacerse sin cobrar intereses. Si alguien toma como fianza una prenda que es usada como cobija por la noche, debe devolverla a su propietario antes de la puesta del sol.
La perversión de la justicia puede ser el mayor peligro para la supervivencia de una sociedad civilizada. Puede ser causada por uno de los siguientes motivos: un testigo que levanta falso testimonio en favor de un individuo culpable; un testigo que no sostiene firmemente lo que correcto, sino que sigue a la mayoría en el error; un juez que administra justicia sobre una base parcial, y uno que acepta un soborno que influye en sus decisiones.
Debemos extender nuestra ayuda al prójimo incluso cuando hay rivalidad de por medio. Si ocurre que alguien encuentra un animal pedido por su rival, debe devolvérselo. De igual manera, si alguien encuentra un animal que yace impotente bajo su carga, debe ayudarlo y aliviar su dolor.
Los primeros productos y frutos de la tierra y los viñedos deben ser ofrecidos a D-s, Quien ha provisto al hombre esos presentes. En forma similar, los primogénitos de hombres y animales deben ser consagrados a D-s.
Otras leyes incluyen la prohibición de comer treifá (la carne de un animal despedazado por bestias en el campo). El séptimo año del ciclo de la shemitá es sabático. Durante su transcurso la tierra no debe ser sembrada ni cosechada, sino permanecer en barbecho. El shabat debe ser observado con una completa abstención de trabajo por parte de todo miembro de la casa, incluyendo los sirvientes y hasta el ganado. Tres veces por año (en Pesaj, Shavuot y Sucot), cada adulto israelita debe hacer un peregrinaje al Templo Sagrado, llevando ofrendas como expresión de gratitud a Hashem. Está prohibido remojar la carne de cabrito en la leche de su madre.
En un mensaje final, los israelitas reciben la promesa de que se obedecen las leyes divinas, el Señor los apoyará en su conquista gradual de Canaán, y su victoria estará asegurada.
Moshé regresó desde las alturas del monte Sinaí y luego de escribir todos los preceptos que le fueran transmitidos por D-s, ofreció sacrificios y leyó el Libro del Pacto al pueblo. Este respondió de inmediato, diciendo: "Todo lo que Hashem ha dicho, nosotros haremos y escucharemos". Por orden de Hashem, Moshé, Aharón, Nadav y Avihú, junto con los setenta ancianos, ascendieron al monte, donde presenciaron uan visión mística de la Gloria Divina.
Después de su descenso, Moshé fue convocado solo para recibir las dos Tablas de la Ley sobre las cuales D-s había inscripto los Diez Mandamientos, a fin de que le fueran enseñados ampliamente al pueblo, mientras que Aharón y Jur quedaron para gobernar en su ausencia. Seguido por Iehoshúa (que permaneció en la parte baja de la montaña), Moshé subió al monte Sinaí, que estaba rodeado por una nube; luego penetró en la bruma de la nube y permaneció allí durante cuarenta días y cuarenta noches.
Mishpatim – No quebrar, sino santificar
“Y estas son las leyes” (Shemot 21:1)…
Acabamos de leer, la semana pasada, en la Parshá de Itró, sobre la entrega de la Torá en el Monte Sinaí con voces y relámpagos. Ahora queremos saber qué es lo que contiene esta Torá, entregada desde el Cielo en un evento tan estruendoso. Comenzamos a estudiar esta semana sobre los preceptos entregados en Sinai y ¿qué vemos?: ‘Leyes’- preceptos simples y básicos, que hacen a la relación del hombre con su prójimo, instrucciones que nuestra propia lógica dicta seguir incluso sin un mandato de la Torá de por medio.
Los párrafos de Itró y Mishpatim representan, a simple vista, dos extremos opuestos: En la Parshá Itró leemos sobre la revelación Divina, sobrenatural, celestial, la supra racional.
Mientras que en el párrafo de Mishpatim se habla de temas terrenales, cotidianos, asuntos que también comprende la lógica del hombre simple.
VERDADERA UNIDAD
Desde una perspectiva más profunda, justamente estas dos Parshiot, cuyo contenido es tan opuesto, son dos etapas que se complementan en la extraordinaria innovación gestada por la entrega de la Torá. El objetivo del evento del Sinaí fue eliminar la brecha existente entre el mundo del espíritu y la realidad material, e introducir la Torá y la santidad literalmente en el seno del mundo; unificar el espíritu con la materia.
El principio radica aquí en que no se trata de que la santidad Divina desplace, anule y quiebre a la realidad terrenal, sino que ésta perdure tal cual es, en su carácter de una existencia material encadenada a las limitaciones de este mundo, y conjuntamente con ello more ahí la Santidad Supernal. Ésta es la verdadera unión del espíritu con la materia.
DESHACER LAS ESTRUCTURAS
La primera etapa de unión entre el espíritu y la materia es la descripta, en el párrafo de Itró:
“Y descendió Di-s sobre el Monte Sinaí”1- la extraordinaria revelación Divina. Voces y relámpagos, un terrible temblor que conmovió al mundo todo. En las palabras del Midrash2:
“el pájaro no gritó, el ave no voló, el toro no mugió... el mundo estaba callado y silencioso” En el pueblo judío, esta revelación Divina causó una profunda anulación, al punto que escaparon del Monte y se pararon a lo lejos. Ésa fue la primera parte- Hashem descendió aquí ‘abajo’.
Pero el objetivo es, como se dijo, que este mundo no anule su ser, sino que prosiga funcionando como un mundo material- pero siendo un instrumento al servicio de la Santidad.
Por ello fue necesaria la segunda etapa, la desarrollada en Parshat Mishpatim: este párrafo, que trata sobre las leyes monetarias y de daños y perjuicios, los temas realmente mundanos, enseña cómo debe cumplir el judío los preceptos de Di-s dentro de su vida terrenal.
Justamente son los mandamientos ‘sencillos’ y lógicos enumerados en esta Parshá, los que indican el camino a través del cual la santidad se enviste en el mundo, se acomoda en él, hasta convertirse en parte del mismo.
LA FE COMO BASE
La Parshá de Mishpatim nos enseña que santidad no se limita sólo a la anulación absoluta y la auto- elevación más allá de la vida terrenal. Por el contrario, la santidad se manifiesta también en las pequeñas cosas de la vida cotidiana cuando se llevan a cabo de acuerdo al mandato de la Torá, como ser la indemnización del damnificado, la actitud correcta frente a un valor confiado en depósito, el pago del salario a su tiempo, etc. Esta es la manera de generar una verdadera comunión entre la Santidad Divina y la vida práctica y material.
Pero para que el judío previamente posea esta fuerza de introducir santidad también en el seno de la vida rutinaria, se requiere de la etapa de la Parshá de Itró- la revelación Divina sobrenatural. La base de todo es la fe y anulación absoluta a Hashem. Sólo como continuidad de ello se está en condiciones de santificar también a la vida cotidiana.
Likutei Sijot tomo 16, pag 242
Relaciones intergrupales
¿Qué sistema de moralidad puede sobrevivir en la coexistencia cotidiana de grupos e individuos?...
La Parshá Mishpatim (juicios) comienza con leyes que regulan las relaciones humanas individuales y sociales. Sin embargo, está sección sigue a la de Itró, donde se enfatizan las obligaciones del hombre hacia Di-s.
El último capítulo de Itró que es el que precede y está unido a Mishpatim, trata las leyes del Altar.
Nuestros Sabios se preguntan con respecto a esta secuencia: ¿Qué relación tiene la sección de Mishpatim con las leyes del Altar? La respuesta es: para enseñarnos que el Sanedrín (la Corte de Jueces), debe estar cerca del Altar, símbolo de la obligación del hombre hacia Di-s.
Esto señala que en el área de las relaciones humanas, tanto a nivel individual como intergrupal, es inútil apoyarse enteramente en sentimientos “intuitivos” de igualdad y justicia, tal como muchas experiencias amargas lo han demostrado.
Entonces, ¿qué sistema de moralidad puede sobrevivir en la coexistencia cotidiana de grupos e individuos? Sólo un sistema de ética y justicia cuyas leyes deriven su autoridad de una fuente Superior, del Creador del universo y del hombre.
Ya que sólo el Creador conoce plenamente la naturaleza humana, con todas sus debilidades, tan sólo el Creador puede prescribir leyes verdaderas, éticas y moralmente perdurables, tanto para el individuo como para la sociedad en general.
Sólo las leyes que sustenten su veracidad y autoridad en el Ser Supremo, son válidas para todos, eternamente, sin variar con el tiempo y con el lugar.
A la luz de lo anterior, se puede apreciar la importancia vital de la educación judía en general, y de la Ieshivá y de la escuela judía en particular.
Lejanos son los días en que se creía que la educación en la Ieshivá era necesaria tan solo para la preparación de Rabinos o Shojatim (matarifes), pero no para las personas comunes.
Hoy, en nuestra sociedad, es muy claro que la enseñanza de la Torá en una Ieshivá, donde hay una atmósfera de reverencia y amor a Di-s, es indispensable para que cada niño y niña judíos, se desarrollen como buenos judíos cumpliendo sus obligaciones hacia Di-s y hacia sus semejantes.
UNA ORDEN GENERAL
Desde que los judíos dejaron Egipto, fueron llamados “El ejército de Di-s”.
Una persona que cumple el servicio militar, comprende inmediatamente que al recibir una orden de un oficial superior, no puede demorar su ejecución hasta el momento en que pueda analizarla y ver si está de acuerdo, especialmente si la orden viene de un alto mandatario, ya que tal demora puede poner en peligro a todo el ejército.
En verdad, una orden de Divina no debe estar en un nivel inferior. Ningún judío puede demorar el cumplimiento de una orden de Di-s hasta que tenga tiempo de estudiarla y aprobarla. Es por esa razón que la Torá fue recibida con la declaración unánime de todo nuestro pueblo: ¡“Naasé ve nishmá!,¡cumpliremos y entonces comprenderemos!
Evaluando al judío
Cuando se realiza un censo cada miembro de la comunidad debe contribuir con una moneda para caridad, y estas deben contarse…
Esta semana leemos además Parshat Shkalim- el aporte del medio shekel de plata de parte de cada judío, para así ser contado en el censo en el desierto. Cuando se realiza un censo, no se realiza de manera ordinaria, persona por persona. Cada miembro de la comunidad debe contribuir con una moneda para caridad, y estas deben contarse.
¿Cuál es el mensaje detrás de esta instrucción? ¿Por qué no contar directamente a la gente?
Podemos sugerir dos:
Primero, la Torá apunta que no se cuente quién es usted, sino lo que usted da. Su valor genuino se mide de acuerdo al amor y bondad que imparte a un corazón dolorido.
Preguntaron una vez a Sir Moses Montefiore, diplomático internacional judío y filántropo del siglo 19, en cuánto se auto- cotizaba. El hombre adinerado pensó y nombró una cifra. El otro contestó: “No puede ser correcto. Por mi cálculo usted debe ser muchas veces más rico que el valor de esa suma”
Montefiore dijo: “Usted no me preguntó cuánto poseo. Me preguntó cuánto es mi valor. Así que calculé la cantidad que he dado en caridad este año y ésa es la cifra que le di. Valemos por lo que estamos deseosos de compartir con otros.” La Torá sugiere que para apreciar el valor y grandeza de un pueblo, no se debe estudiar el número de sus cuerpos, sino la profundidad de sus contribuciones.
La Biblia nos dice que para apreciar la importancia de la existencia judía, no se debe estudiar sus números: Los judíos constituyeron sólo el uno por ciento de la sociedad. Más bien, debe examinarse el impacto que este grupo monoteísta ha tenido en el mundo. Otras naciones, culturas y civilizaciones disfrutaron de números mayores, territorios más grandes y ejércitos más poderosos. Pero nadie ha dejado una impresión en el tejido mismo de la civilización como los descendientes de Abraham, Itzjak y Iaakov.
Cuando Thomas Cahill escribió en su exitoso bestseller Los Regalos de los judíos: Cómo una Tribu de Nómadas del Desierto Cambió la Manera que Todos Pensamos y nos Sentimos:
“La mayoría de nuestras mejores palabras –nuevo, aventura, sorpresa; individuo único, persona, vocación; tiempo, historia, futuro, libertad, progreso, espíritu; fe, esperanza y justicia- son regalos de los judíos... Apenas podemos levantarnos por la mañana o cruzar la calle sin ser judíos. Soñamos los sueños judíos y esperamos esperanzas judías.”
Y aquí están las palabras del gran novelista ruso, León Nikolaivitch Tolstoi:
"El judío es ese sagrado ser que ha traído del cielo el fuego eterno, y ha iluminado con él al mundo entero. Él es la fuente religiosa, manantial y origen sobre el que el resto de la gente ha dibujado sus creencias y religiones. El judío es el emblema de la eternidad. Él, a quién ni la tortura de miles de años podrá destruir. Él, a quién ni los fusiles, ni espada, ni la inquisición pudo borrarlos de la faz de la tierra. Él, quién fue el primero en producir los Oráculos de Di-s. Él, quién ha sido por siempre el Guardián de la Profecía y lo ha transmitido al resto del mundo. Semejante nación no puede destruirse. El judío es tan eterno como la Eternidad."
Cuando Di-s le dice a Moisés que cuente a los judíos: "No cuentes los cuerpos; cuenta lo que ellos contribuirán”.
Así como esto se relaciona con nuestra identidad nacional, se refleja en cada persona. A veces uno puede pensar: “No tengo valor. No sumo nada.”
Viene la Torá y dice que si uno está solo, enclaustrado en su vanidad y egotismo, puede sumar una criatura pequeña, fútil, indigna de contar. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene el poder de contribuir algo al mundo, extender la mano a un individuo en necesidad. Cada uno tiene la habilidad de tocar un corazón, alzar un espíritu, encender un alma, mirar a un ser humano a los ojos y decir “estaré aquí por ti.” Uno puede ser pequeño, pero el amor y luz que puede traer a otra vida a través de un gesto simple, un sincero “buen día,” o un acto de bondad, no puede contarse.
Puede cambiar el mundo, literalmente.
Cuando empiece a dar, se abren nuevas sendas en su alma. Uno se libra del cenagal psicológico que a menudo coagula su auto-percepción y empieza a descubrir su valor interno y dignidad de manera inimaginable.
¿Es aún Relevante la Religión?
Por Yossy Goldman
Ciberespacio, espacio exterior, espacio interior, mapas genéticos, globalización, ir a Marte.
Tarjetas inteligentes, bombas inteligentes, células madre y teléfonos celulares. No se puede negar: vivimos una nueva era. La ciencia ficción se transformó en hechos científicos. Y se formula una pregunta: En este nuevo orden mundial, con la ciencia y la tecnología cambiando nuestra forma de vivir, ¿es relevante la religión? ¿Aun necesitamos adherirnos a un antiguo y aparentemente muy obsoleto código de leyes, cuando estamos mucho más avanzados que nuestros antepasados?
Esta cuestión me recuerda al pequeño y viejo Hymie Levy de Londres, que se encontraba asistiendo a un coktail en compañía de la aristocracia. El pobre Hymie estaba completamente fuera de lugar alternando con los caballeros y damas de la realeza y alta sociedad británicas.
Una duquesa estaba tan irritada por la presencia de ese ordinario judío que lo enfrentó directamente. Rezumando sarcasmo, con su mejor lenguaje, le dijo a Hymie “¡Sabe usted que el linaje de mi familia se remonta a aquellos que estuvieron presentes en la firma de la Carta Magna!” Hymie Levy se mantuvo inmutable. Se encogió ligeramente de hombros y susurró en el oído de la duquesa “¡Y mi abuelo Moishe estuvo presente en la entrega de los Diez Mandamientos!”
¿Los Diez Mandamientos han pasado la “fecha de vencimiento”? ¿La fe, la duda, el asesinato, el adulterio, el robo, la mentira y la envidia están fuera de moda? A pesar de todos los maravillosos descubrimientos médicos y científicos, ¿el ser humano mismo ha cambiado? ¿Los mismos temas morales que enfrentaron nuestros antepasados no desafían a nuestra generación?
Tanto si es una carreta de bueyes o un Mercedes, cólera o cortes coexistencia son aun una elección que debemos hacer. Cuidar de padres ancianos no es un problema nuevo. Tanto si son Adán y Eva o Miguel y Susana, el pasto siempre parece algo más verde en el otro lado. Por algún motivo inexplicable, la esposa, la casa, el caballo o el auto de la otra persona, aun son más atractivos y deseables que los nuestros.
Los mismos temas que trata la Biblia —rivalidad rampante, socios celosos y aun asesinato —son los titulares de los diarios de hoy. ¿Así que, que hay de nuevo? ¿Ha cambiado algo? Si, hoy tenemos astronautas y estaciones espaciales y proyectores láser y laptops, pero los temas básicos y las elecciones que el ser humano debe enfrentar siguen siendo iguales. Antes la pregunta era ¿debo golpearlo con mi garrote o degollarlo con mi espada? Hoy la pregunta es ¿debo enviar los submarinos nucleares o enviarle misiles guiados?
La tecnología ha avanzado a pasos agigantados. Pero los temas principales, los dilemas morales básicos no han cambiado un ápice. Aun luchamos para conocer la diferencia entre correcto e incorrecto, moral o inmoral, ético o tortuoso, y ni siquiera la más potente computadora de la tierra puede respondernos esas preguntas.
La ciencia y la tecnología pueden hacer maravillas para la humanidad. Pero también pueden hacer que explotemos para llegar más rápido que Atila el huno al otro mundo. La ciencia y la tecnología responden Cómo y Qué. No responden al Por Qué. ¿En primer lugar por qué estamos aquí? ¿Por qué debo ser bueno con mi prójimo? ¿Por qué mi vida debe ser más noble que la de mi perro doberman? La ciencia y la tecnología han revelado muchos misterios que nos intrigaron por siglos. Pero no han respondido a una sola pregunta moral. Solo la Torá se dirige al campo minado de la moral. Y esos temas son quizás más urgentes hoy que nunca antes en la historia.
La Torá es verdad y la verdad es eterna. Los escenarios cambian. El estilo de vida varía con la geografía. El desarrollo histórico es diferente, pero los temas a nivel interior son muy familiares. Aunque nunca necesitamos la religión —o en nuestro lenguaje, Torá —hoy la necesitamos igualmente o quizás mucho más. Que continuemos encontrando guía y claridad en las verdades eternas de nuestra santa y eterna Torá. Amén.
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El Rincón de Mashiaj: LA IMPORTANCIA DEL ESTUDIO DE LOS TEMAS DE MASHIAJ Y REDENCIÓN (GUEULÁ)
El Rebe de Lubavitch nos anticipó que el estudio intenso de lo que implica la redención lleva a que las personas consulten unas con otras y descubran una manera ingeniosa y creativa de traer al Mashíaj. El Rebe enfatizó una y otra vez que el Mashíaj ya está aquí y que ya cumplimos con todo lo necesario para traer la redención. Si es así ¿que falta que hagamos? También nos aclaró que lo único que queda por nuestra parte es "abrir los ojos" y "vivir con el Mashíaj", creando una "atmósfera mesiánica" en nuestra conciencia y haciendo de nosotros verdaderos habitantes de "la Tierra del Mashíaj". Para poder realizar este cambio en la manera en que percibimos la realidad y vivir realmente con Mashíaj debemos vencer dos obstáculos: El primero está en nuestras cabezas, producto de nuestra percepción superficial de la realidad. Este obstáculo se desvanece cuando contemplamos la dimensión interior de la realidad. En la obra Torá Or del primer Rebe de Lubavitch, el Rabí Schniur Zalman de Liadi explica que la realidad tiene su caparazón exterior de muerte y maldad y una semilla interior de vida y bondad. La elección más importante que la persona hace en la vida es entre la dimensión interior de la realidad y su coraza exterior y superficial. Cuando elegimos el bien, la cáscara externa de la realidad se comienza a impregnar con el poder del conocimiento asertivo que busca la luz interior de bondad. El segundo mayor obstáculo es el que está en el interior de nuestros corazones, creado por el sentimiento de que el Mashíaj es algo lejano e irrelevante en nuestras vidas. Este obstáculo es removido cuando nos familiarizamos con el Mashíaj y la redención y comprendemos que es posible e imperativo que venga en nuestra generación y que merecemos y tenemos derecho a ello. Es importante notar que este obstáculo interno para la redención proviene en gran medida de la pregunta de si merecemos la redención. Mucha gente cree erróneamente que el milagroso Mashíaj es incongruente con nuestra humilde generación. Les parece que no podemos cambiar para mejor y en todo caso nuestra situación espiritual sólo se ha deteriorado. Si esto es así, razonan ¿cómo puede el Mashíaj llegar en nuestra época? Esta errónea presunción está basada en un malentendido básico acerca del Mashíaj y la generación en la que debe llegar. Cuando hacemos un cambio de conciencia y nos abrimos paso a través de los obstáculos en nuestras mentes y nuestros corazones ya hemos llevado a cabo la mayor parte de la redención. Como enfatizó el Rebe en su discurso del 28 de Nisan 5751, abril de 1991, la angustia aterradora que sentimos porque estamos aún en el exilio se aplica en su mayor parte a nuestro exilio interior, de nuestras almas en su relación con lo Divino. Como está explicado en Cabalá y Jasidut, el primer paso hacia la redención es la redención del alma.
Traducción de fragmentos del libro en hebreo del rabino Cabalista Itzjak Ginsburgh: Beitá Ajishena
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