Parshat Tazría
...Continúan la discusión de las leyes de tzaarát tumá, impureza ritual y pureza...
Una mujer que da a luz debe hacer un proceso de purificación que incluye sumergirse en una mikve (una piscina de agua natural) y traer las ofrendas al Templo Santo. Toda madre tenía prohibido entrar en el Santuario durante 40 días; si había tenido una hija, el período era de 80 días.
Hashem ordenó: “El niño varón judío debe tener la Milá (circuncisión) a los ocho días de su nacimiento.
La persona que contraía la enfermedad de tzaráat (similar a la lepra) tenía prohibido entrar en el Santuario. Por consiguiente, cuando el color de la piel indicaba que podría estar aquejada de la enfermedad, era examinada por el sacerdote.
Parshat Metzorá
Las leyes de tzaráat se aplicaban por igual a una vestimenta y a una casa.
La parashá de la última semana describía las señales del metzorá ("leproso")--una persona afligida por una enfermedad espiritual que lo ubica en un estado de impureza ritual. La porción de la Torá de esta semana comienza detallando cómo el metzorá recuperado se purifica por el Kohen (sacerdote) con un procedimiento especial que involucra dos pájaros, agua de manantial en una vasija de barro, un pedazo de madera de cedro, un hilo de color escarlata e hisopos.
Una casa también puede afectarse con "lepra" por la aparición de manchas rojizas o verdosas en sus paredes. En un proceso que dura diecinueve días, un Kohen determina si la casa puede purificarse o debe demolerse.
También se contrae impureza ritual a través de una secreción seminal u otra descarga en un hombre, y menstruación u otro flujo de sangre en una mujer, haciendo necesario la purificación a través de la inmersión en una mikve.
Ciertas impurezas físicas hacían a un hombre o a una mujer ritualmente impuros y, por ende, tenían prohibido entrar en el Santuario o tocar objetos sagrados. Este estado de impureza finalizaba después del tiempo prescrito para las ceremonias especiales de purificación.
Tazría - El Iehudí siempre busca el milagro
“Señal y milagro sucedía a Israel para advertirles del pecado de Lashón Hará” (Leyes de la impureza de la lepra)...
La Parshá de esta semana se ocupa de las manchas de tzaraat (similar a lo que sería la lepra) que aparecían en las casas, ropas, y el cuerpo de la persona, producidas por el pecado de Lashón Hará, la mala lengua.
El Rambam escribe que estas manchas eran sobrenaturales, una “señal y milagro sucedía a Israel para advertirles del pecado de Lashón Hará”(Leyes de la impureza de la lepra).
La enfermedad llegaba gradualmente: Primero “cambiaban las paredes de su casa. Si seguía en su pecado- cambiaban los elementos de cuero”. Luego llegaba a sus ropas. Y finalmente, si después de todas estas advertencias, persistía en su falta, la mancha aparecía en su piel, “para que esté separado y solitario, y no vuelva a ocuparse de habladurías” (Rambam).
ES POSIBLE EQUIVOCARSE
La forma en que llegaban estas manchas llevaba al reconocimiento de que no se trataba de un acontecimiento casual y cotidiano. La persona entendía que se trataba de una señal del Cielo, de la Supervisión Divina directa, y especial intención de advertirle del pecado.
Sin embargo, quien no deseaba creer, podía aducir que se trataba de un acontecimiento natural, buscando una explicación lógica a lo sucedido. Porque de todas formas, no se veía un milagro revelado, que rompía las reglas de la naturaleza, y dejaba a todos boquiabiertos. La aparición de las manchas tomaba la forma de una enfermedad, dejando la posibilidad de interpretar equivocadamente, que nada extraordinario sucedió.
LA FE JUDÍA
Aquí queda de manifiesto la concepción de mundo del judío. Los iehudim son definidos en el Talmud como “creyentes, hijos de creyentes” y al toparse con un acontecimiento como este, ven en él la “mano de Di-s”.
No sólo un suceso milagroso, como el de las manchas de Tzaraat, despierta este sentimiento en el iehudí, sino incluso lo que sucede de forma cotidiana. El judío cree con convicción, que todo está dirigido “desde Arriba”, por la Providencia Divina, solo que utilizando canales diferentes y es así como concibe la realidad.
TODO ES BUENO
El iehudí se desenvuelve, con la creencia de que, así como existe una intención Divina en las manchas, también hay una finalidad en los diferentes sucesos. Más aún: cree que inclusive las cosas que aparentemente son negativas, contienen un bien excelso, ya que si todo proviene de Di-s, no es posible pensar que algo malo se derive de El, ya que El es la Esencia de la Bondad.
Y todo esto se hace notorio en las manchas de Tzaraat. El Midrash relata que una de las razones por las cuales las casas adquirían las manchas era porque los Cananitas habían ocultado en ellas sus tesoros, antes de la conquista de la Tierra de Israel por los iehudim.
Resulta entonces, que justamente, como resultado de la aparición de un fenómeno negativo, la mancha de impureza, la persona debía destruir su casa. Pero esto dejaba al descubierto el bien oculto-aparecían los tesoros.
En mérito a esta fe fueron redimidos nuestros antepasados de Egipto, y en su mérito marcharemos a la Redención completa, muy pronto, por medio de nuestro justo Mashíaj.
Likutei Sijot, tomo 1 Pág. 239
Parshat Metzorá - Palabras Devastadoras
No importa cuán terribles puedan ser los actos de una persona, no importa cuán corrupta es en cuerpo y alma, hablar mal de ella, es más grave aún. Algo para tener en mente cuando uno está tentado a hablar mal de su semejante.
La afección de tzaráat, cuyas leyes se detallan en los capítulos 13-14 de Levítico, era un fenómeno enteramente espiritual. No era enfermedad natural alguna (de hecho, esta "lepra" también atacaba vestimentas y casas), sino un síntoma de grave degradación moral.
Particularmente, la persona afectada (el "metzorá") era uno cuyas acciones habían provocado el disenso y la división dentro de la comunidad.
Su castigo -medida por medida- era una lepra sobrenatural que lo marcaba como un paria. Era desterrado a una vida de máxima soledad, hasta que su arrepentimiento lo curara de su lepra y fuera readmitido en la sociedad.
La naturaleza espiritual de esta enfermedad se evidencia en el hecho de que tanto el inicio como la culminación del estado de tzaráat se lograban con el anuncio de un kohén ("sacerdote"). Si las marcas sospechosas aparecían sobre un vestido, casa o persona, eran examinadas por un perito (comúnmente, pero no necesariamente, un kohén) experto en las sumamente complejas leyes y procedimientos que identifican al tzaráat. Pero incluso luego de un diagnóstico de tzaráat, el estado de impureza ritual que involucraba a la persona u objeto afectados no entraba en vigencia sino hasta que el kohén lo declarara "impuro".
Así era aun cuando el "experto" que hizo el diagnóstico no era él mismo un kohén, y el kohén confiaba únicamente en su pericia. La impureza de tzaráat tampoco afectaba retroactivamente: hasta que el kohén no pronunciara la palabra "impuro", el estado de tzaráat no comenzaba. (Así, la Torá aconseja vaciar una casa sospechada de tzaráat de todo su contenido "antes de que el kohén venga para ver la plaga, no sea que todo en la casa resulte contaminado" cuando el kohén lo pronuncie impuro).
En el mismo espíritu, dado que era la palabra del kohén lo que afectaba el estado de tzaráat, la remoción de este estado -incluso luego de que todas las señales físicas de tzaráat desaparecieran- se lograba asimismo sólo con la declaración del kohén que el metzorá se había curado de su impureza.
Dos Lecciones
El rol del kohén como condenador y desterrador es aún más sorprendente porque parece contradecir todo lo que el kohén representa.
Di-s le ha ordenado al kohén "bendecir a Su pueblo Israel con amor"[3]. Nuestros Sabios describen al "discípulo de Aharón" (el primer kohén) como alguien que "ama la paz, persigue la paz, ama a las criaturas de Di-s y las acerca a la Torá"[4].
Pero es precisamente a causa de su designación como paradigma del amor bondadoso que la Torá encomienda al kohén -y sólo al kohén- la tarea de condenar al metzorá.
No hay nada más odioso a Di-s que la división entre Sus hijos. La razón de que el metzorá deba ser desterrado es que él mismo fue una fuente de división; no obstante, la Torá es reacia a separarlo de la comunidad. No basta con que los expertos técnicos lo consideren un paria; es sólo cuando el kohén -cuya naturaleza y ser tiemblan ante el pensamiento de desterrar a un miembro de la comunidad- está convencido de que un individuo exhibe todas las señales de tzaráat que el metzorá es separado de su pueblo.
Hay aquí también otra lección: no eran los síntomas de tzaráat los que contaminaban al metzorá, sino la declaración de su impureza por parte del kohén. En otras palabras, no importa cuán terribles puedan ser los actos de una persona, no importa cuán corrupto ella es en cuerpo y alma, hablar mal de él es más grave aún. ¡La declaración del kohén de que él es impuro afecta su estado espiritual mucho más profundamente que el hecho de su impureza![5]
Algo para tener en mente cuando uno está tentado a hablar mal de su semejante.
Basado en Likutéi Sijot, Vol. XXVII, págs. 88-91
El Rebe Maharash
El 2 de Iyar se conmemora el nacimiento del Rebe Maharash. Hijo más joven del Tzemaj Tzedek, siempre estuvo muy comprometido en el activismo comunitario de Rusia a mediados del siglo XIX. En 1866 acepta el cargo de Rebe y se convierte en el 4to. Rebe de la dinastía Jabad.
Organiza comités permanentes en Petersburgo para el seguimiento de cuestiones de interés comunitario, viaja para conferenciar con otros líderes y se empeña exitosamente en detener los pogroms de 1880.
Fallece el 13 de Tishrei de 1882 y es enterrado en Lubavitch, Rusia.
Un aguatero llamado Shmuel
El año era 1834, y había mucha alegría y festejo entre los seguidores de Rabino Menajem Mendel (el "Tzemaj Tzedek") de Lubavitch. Un hijo, su séptimo, le nació a su querido Rebe. Muchos de los jasidim que habían venido a pasar Pesaj a Lubavitch decidieron quedarse para el brit (la circuncisión), fijada para el 9 de Iyar, el octavo día de la vida del niño.
Temprano en la mañana del día designado, todo estaba listo para el brit: las mesas puestas, los jasidim congregados y el mohel había ordenado sus instrumentos. Todos esperaban la entrada del Rabino Menajem Mendel. Pero la puerta del Rebe permanecía cerrada. Pasó una hora y luego otra, y los Chassidim comenzaron a preguntarse quizás si el brit fuera a posponerse. Pronto se hicieron oír las palabras del Rebe que "El brit, Di-s mediante, tendría lugar hoy". Pero no se dijo nada más.
Pasó la mañana y buena parte de la tarde. Finalmente, ya entrada la tarde, el Rebe salió de su cuarto e instruyó el comienzo del brit. La única pista de su retraso fue la misteriosa frase que pronunciaron sus labios, "Ay... la sociedad fúnebre de Polotzk..." nadie se atrevió a pedir más explicación.
Otro misterio fue el nombre dado al recién nacido--Shmuel. Nadie conoció un Shmuel en la familia del Rebe. Cuando uno de los hijos más grande del Rabino Menajem Mendel le preguntó a su padre por quien le habían puesto ese nombre, él volvió a mencionar el "pueblo blanco" de Rusia, "un aguatero de Polotzk," fue la contestación del Rebe.
Entre los jasidim presentes en el brit, había algunos de Polotzk que procedieron a investigar el tema cuando volvieron a casa. Resultó que en el día del brit, dos pueblerinos habían fallecido: un residente rico e influyente y un simple aguatero empobrecido llamado Shmuel.
La sociedad encargada de los entierros dedicó su atención solamente al fallecido "pilar de la comunidad"; sólo después de que su concurrido entierro había terminado, comenzaron finalmente a ocuparse del cuerpo del aguatero que se trajo tarde ese día al cementerio. Uno de los jasidim notó que el Zohar enseña no nombrar a un niño por un fallecido antes de que se lo haya enterrado. El Rebe había atrasado el brit para que se pudiera dar el nombre del aguatero de Polotzk a su hijo más chico y sucesor.
Detrás de cada nubarrón hay una bendición
Por Yossy Goldman
¿Tiene cada nube una cubierta de plata? ¿Hay una bendición disfrazada dentro de cada maldición? Debemos admitir, no siempre es fácil discernir, pero la mayoría de las veces creemos en este concepto.
La lectura de la Torá de esta semana trata de la purificación de aquellos afectados por un extraño mal similar a la lepra conocido como tzaarat (¡Una palabra inexplicablemente similar a tzores!) La Parashá enumera diferentes tipos de manifestación de tzaarat —en el cuerpo de la persona, en sus ropas o, aun en las paredes de su hogar. En el último caso, si tras el necesario período de cuarentena la mancha no retrocedía, las piedras de la pared afectada tenían que ser quitadas y reemplazadas por piedras nuevas.
Imagine que las paredes de su casa son demolidas. ¿Es una bendición o una maldición? No hay duda que el propietario de la casa en cuestión no se sentirá particularmente bendecido. Pero de acuerdo con nuestros sabios, el caso era a menudo diferente para los israelitas que vivían en Tierra Santa. Los anteriores habitantes cananeos de la tierra habían ocultado sus tesoros en las paredes mismas de sus casas. La única manera en que un israelita podía descubrir esos valores ocultos era si las piedras de la casa debían ser quitadas. Cuando esto ocurría, no llevaba mucho tiempo para que el pobre desdichado dueño de casa afectado por tzaarat se transformara en el rico heredero de una recientemente hallada fortuna. Repentinamente su oscura nube se llenaba de una cobertura de plata, oro y toda clase de objetos preciosos. Para él, en un momento, la maldición se convertía en bendición.
Hace un tiempo el negocio de un amigo fue liquidado. Naturalmente él estaba absolutamente desolado. Tras un tiempo abrió un nuevo negocio, el cual, gracias a Di-s, prosperó. Posteriormente me confesó que, viéndolo en retrospectiva, pudo ver cómo la anterior bancarrota fue verdaderamente una bendición. Aun recuerdo sus palabras: "Antes trabajábamos para los bancos, ahora trabajamos para nuestras familias".
Una mujer de mi congregación sufría una enfermedad cardiaca y los médicos dijeron que necesitaba una operación de bypass. Pero también tenía otras complicaciones médicas que hacían muy peligrosa la operación de corazón. Su calidad de vida era muy pobre. Si salía a caminar, debía detenerse a descansar cada pocos minutos. Entonces, un día, ella sufrió un ataque al corazón. Fue llevada de urgencia al hospital y los médicos dijeron que su única posibilidad de supervivencia era un bypass de urgencia. Había un 50/50 de oportunidad de éxito, pero si no lo hacían no habría ninguna oportunidad. Llevaron a cabo la operación y, gracias a Di-s, se recuperó completamente, disfrutando de muchos años de una calidad de vida grandemente mejorada, con najat de los hijos y los nietos. Por años ella bromeaba "Gracias a Di-s tuve un ataque al corazón. ¡Tuve mi bypass!" No era una broma.
Sería ingenuo sugerir que todo funciona siempre así. La vida no es tan simple, y a veces toma mucho tiempo el ver el bien oculto en los traumas y dificultades de la vida. Pero continuamos creyendo que Di-s es bueno, que lo que El hace realmente es buscar lo mejor para nosotros y que un día, en retrospectiva, veremos cómo cada una de nuestras frustraciones de alguna manera sirvieron para nuestro bien a un largo plazo.
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El Rincón de Mashiaj:METZORA, LA REVELACION DE LA REDENCION DENTRO DEL EXILIO
A lo largo de los cuarenta años durante los cuales el pueblo judío vagó por el desierto, los habitantes ocupantes de la tierra de Israel, los caananitas, sistemáticamente ocultaron su oro y objetos de valor entre los muros de sus viviendas de manera que cuando retornasen los judíos nunca los encontrasen. Una vez que los judíos tomaron posesión de la tierra, de acuerdo con los dictados de la Torá, cuando se hallaba en alguna casa "tzaraat", algo parecido a la lepra, se demolían las paredes de la misma, revelando así los enormes tesoros allí ocultos. Fue, por lo tanto, la plaga de la lepra por si misma, la que llevó al descubrimiento de inestimables riquezas para los habitantes de las viviendas. De manera similar, cuando Mashiaj llegue, veremos que la destrucción del Primer y del Segundo Sagrados Templos y todos los sufrimientos del exilio tenían como único propósito revelar un bien superior – el establecimiento del Tercer Sagrado Templo, que existirá por siempre.