Resumen de Parshat Itró

Mientras Moshé llevaba a cabo su misión en Egipto, su familia regresó a Midián. El suegro de Moshé, Itró, llevó a su hija Tzipora y a los hijos de aquél a Refidim (en el desierto). Moshé dio la bienvenida a Itró en forma afectuosa y le contó todo lo que Hashem había hecho por los judíos. Su suegro reconoció totalmente el poder de D-s y Le ofrendó sacrificios. Observando que Moshé estaba sobrecargado de tareas judiciales, Itró le aconsejó que nombrara jueces para ayudarlo y que él se concetrara sólo en los casos más difíciles. Moshé actuó conforme a este sabio consejo e Itró regresó a Midian.

El primer día del tercer mes (Siván) después de su partida de Egipto, los Iehudim llegaron al desierto de Sinaí y acamparon frente a la montaña. Moshé se aproximó a ella y oyó la voz de Hashem instruyéndole para que recordara al Pueblo cómo Él los había liberado de Egipto. Si ellos Le obedecían, se transformarían en "un reino de sacerdotes y una nación santa". Moshé descendió de la montaña y repitió las palabras de Di-s a los ancianos y a todo el pueblo. Como una nación unida, respondieron todos juntos: "haremos y escucharemos".

El pueblo debía prepararse durante tres días para el gran suceso de “Matan Torá” – La entrega de la Torá.

Después de que transcurrieron esos tres días, el seis de Siván, se produjeron truenos y relámpagos, y una densa nube descendió sobre la montaña. El monte Sinaí estaba envuelto en humo.
Después llegó el momento más sobresaliente de la historia del mundo. La voz de Hashem fue oída por todo hombre, mujer y niño, mientras formulaba las bases de la conducta moral y religiosa de todos los tiempos:


1 - Yo soy Hashem, tu Elokim, Quien te saqué de la tierra de Egipto...

2 - No tendrás otros dioses delante de Mí...

3 - No tomes (o sea, no jures en) el nombre de Hashem, tu D-s , en vano...

4 - Acuérdate del Shabat para santificarlo...

5 - Honra a tu padre y a tu madre...

6 - No matarás

7 - No cometerás adulterio

8 - No robarás

9- No levantarás falso testimonio contra tu prójimo

10- No codiciarás la casa de tu prójimo...

 Itró – “Palabras egipcias en los diez mandamientos”

“Yo Soy Hashem tu Di-s”... (Shemot 20:20), es el primero de los 10 mandamientos entregados en el Monte Sinaí.

El evento frente al Monte Sinaí, cuando el Altísimo se reveló a los ojos de todo Israel y le entregó la Torá, se abrió con el primer mandamiento1: “Yo Soy Hashem tu Di-s...” El Midrash dice al respecto2: que el término Anojí, (utilizado aquí para decir) Yo Soy -está (dicho) en idioma egipcio.

Esto despierta gran asombro: Los diez Mandamientos son “abarcativos de toda la Torá”-concentran y sintetizan la totalidad de la Torá. Entre ellos mismos, los dos primeros Mandamientos son los más sagrados, ya que “‘Yo Soy’ y No poseas’ los hemos escuchado de boca de la Guevurá (el Poder Divino)3” Entre ambos, el primer Mandamiento es el de un nivel superior, y la primera palabra- ‘Anojí’- Yo- se refiere a la misma Esencia de Di-s (la Guemará4 dice que la palabra Anojí’ es la sigla de las palabras Aná Nafshí Ctavit Iehavit -literalmente: Yo mismo la escribí, la entregué’- pero también significa a Mí mismo Me He escrito y entregado. ¡¿Cómo es posible que precisamente esta palabra esté en idioma egipcio?!


EL OBJETIVO OBLIGA

Para entender esto debemos primero profundizar en la esencia y el objetivo de la revelación Divina en el Monte Sinaí. La Torá no fue entregada sólo a fin de preservar la santidad de la Lengua Sacra (=el hebreo bíblico); para ello no era necesaria la extraordinaria fuerza del evento frente al Monte Sinai. El Altísimo descendió sobre el Monte Sinaí para posibilitar la santificación y elevación espiritual de los elementos más bajos y más caídos -el idioma egipcio?
También previo a la entrega de la Torá se estudió Torá; la santidad existía desde antes. Pero el objetivo de la entrega de la Torá radicaba en unir la santidad con la existencia material; santificar y elevar también a los elementos más lejanos del mundo de lo sacro y de la Torá. Siendo que ése es el fin y el objetivo, éste se refleja de inmediato en la primer palabra de los Diez Mandamientos. Con ello se dan las fuerzas para unir el idioma egipcio, símbolo del nivel más bajo, con el cenit de la santidad- con Di-s mismo.


EL CAMINO HACIA DI-S

El hecho que Di-s mismo se invistió en “el idioma egipcio”, enseña que el camino hacia El pasa específicamente por servirlo a través de las cosas inferiores y bajas.

Independientemente de lo elevado que sea uno en su dedicación al estudio de la Torá y la Plegaria fervorosa (‘el lenguaje sacro’)- con ellos sólo logra alcanzar un nivel limitado de la santidad. Pero al Altísimo propiamente dicho, a Su Gloria y Esencia, se llega sólo a través del “habeís5 bajado a Egipto” a través de elevarse con la conducta indicada por la Torá, los elementos materiales y bajos a la dimensión de la santidad.

Cuando el judío sale ‘de los cuatro cúbitos’ del estudio de la Torá y la plegaria, y se ocupa de la vida cotidiana terrenal de acuerdo a como manda la Torá llega al mismo Altísimo concretando Su Voluntad y el objetivo principal de la Creación y de la entrega de la Torá.


ELEVAR LA MATERIA

Más aún: ni siquiera es suficiente el cumplimiento de los preceptos, que se lleva a cabo con cosas terrenales, es deber del hombre alcanzar el nivel del mandato de ‘Conócelo en todos tus caminos’6, es decir, santificarla vida cotidiana, que también en ella se revele santidad (‘Conócelo’- a Di-s).

Y debe saberse que este no es un detalle tangencial y secundario, sino que en él se expresa el objetivo de la Torá toda. Sólo así puede el hombre unirse con Di-s mismo- con el Anojí, ‘Soy el que Soy’7

(Likutei Sijot, tomo 3, Pág. 892)

Rabanit Jaia Mushka Schneerson Z

Nacida en Babinovich, Rusia, absorbió el espíritu jasídico en casa de su padre, Rabí Iosef Itzjak (1880-1950), el anterior Rebe, y de su abuelo Rabí Shalom Dovber.

En Shabat, 25 de Adar I del año 5661 (1901), en la pequeña ciudad de Lubavitch, reinaba una atmósfera de gran felicidad. Una gran alegría en la casa del Rebe Shalom Dover Z’L. Había nacido su nieta, hija de su único hijo y descendiente, Rabí Iosef Itzjak Z’L (quien luego fue su sucesor).
El nacimiento de la niña no fue tomado con ligereza dentro del seno de la familia. Entre otros testimonios se encuentran las cartas de su santo abuelo, que en ese momento se encontraba fuera de Lubavitch.

En su primer misiva, en la que hacía mención del nacimiento de la niña, el Rebe Shalom Dover Z’L, escribió: “....y desde la profunda satisfacción de mi corazón, agradezco a Di-s por todo lo bueno que nos ha dado y con su gran benevolencia nos otorgó vida y nos permitió estar presentes y llegar a este instante, y que de la misma forma lleguemos a muchas alegrías y fiestas”.
Tan importante fue el nacimiento de la niña para el abuelo, que envió a su hijo el siguiente telegrama: ...”si es que aún no se le ha colocado nombre, recomiendo que sea llamada JAIA MUSHKA, que es lo correcto de acuerdo a mi entender...” Esa misma semana, envió otro telegrama, donde entre otras cosas nombra: “MAZAL TOV, por la colocación del nombre de JAIA MUSHKA a nuestra nieta. Que el Todopoderoso Le otorgue larga vida y buenos años con dulzura tanto en lo espiritual como en lo material, y llegue a ser una mujer ejemplar, temerosa de Di-s, y que todos nosotros recibamos de ella grandes satisfacciones y alegrías en lo espiritual y material”.

Como señalando el futuro de la niña, el Rebe Shalom Dover Z’L, envía posteriormente una carta. En ella encontramos una reveladora señal, “...que el Todopoderoso le otorgue larga vida y días de felicidad completos y que llegue a ser una santa mujer, temerosa de Di-s en verdad, que en todos los detalles se parezca a mi santa abuela por la que lleva el nombre...” (la Rabanit Jaia Mushka, abuela del Rebe Shalom Dover Z’L, fue la esposa del 3º Rebe de Lubavitch, llamado el Tzemaj Tzedek)


En medio de la segunda guerra mundial

La Rabanit Jaia Mushka Z’L, contaba que cuando debieron huir de París, tuvieron la oportunidad de ocultarse en las afueras de la ciudad, sin embargo el Rebe Shlita insistió en dirigirse a la ciudad de Vichy. No fue fácil para ellos conseguir lugar en uno de los últimos trenes, en medio de un gran peligro, llevando consigo sólo el Talit y los Tefilin. Luego siguieron viaje hacia Niza, en el sur de Francia, que se hallaba bajo el dominio de Italia, y era, en ese momento, uno de los sitios más seguros, donde acudieron muchos judíos para refugiarse. Allí estuvieron cerca de ocho o nueve meses hasta el comienzo del verano de 1941. El peligro fue muy grande ese año, pues se había dado el toque de queda.

“Los maravillosos cien dólares”

A pesar del gran riesgo que implicaba la situación, el Rebe Menahem Mendl Schneersohn Z’L, esposo de la Rabanit JAIA MUSHKA Z’L, encontró la manera de ayudar a otros necesitados. Según relatos de la Rabanit, en esos días para tener el crédito que permitiera a una persona entrar a un hotel, (sin derecho a habitación alguna, sino quedar a resguardo en los pasillos), había que mostrar que uno poseía un billete de 100 dólares (Una fortuna en esos momentos). La cuestión era que el Rebe poseía UN SOLO billete de 100 dólares, y que arriesgando su propia vida, recorría las calles en busca de judíos que no tuvieran albergue, prestándoles ese billete, que ellos a su vez mostraban en el hotel, obteniendo así el derecho a ingresar; luego le devolvían el famoso billete. Así repetía el Rebe su tarea, día a día, hasta que inclusive otros judíos comenzaron a imitarlo.


La milagrosa llegada a Nueva York

El 28 de Sivan de 1941, el Rebe y la Rabanit Z’L, llegaron a puerto seguro, luego de eludir el peligro que representaba el viaje desde Europa a Nueva York, ya que los nazis atacaban las naves que zarpaban de los diferentes puertos europeos.


El perfil de una gran mujer

Desde su llegada a los Estados Unidos de Norteamérica, y hasta el día de su desaparición física, que fueron 47 años, la Rabanit se movió dentro del ambiente de los jasidim al que estaba acostumbrada desde su niñez en Lubavitch.


Allí quedó revelada definitivamente su personalidad. A pesar de ser la esposa del “Gran Rabino” cumplió al pie de la letra con el versículo de los Salmos (Tehilim)”Gloriosa es la hija del rey dentro del palacio”. Con recato, delicadeza, con una superdotada inteligencia y con poderosa fuerza, se ocultó, tratando de no aparecer en público, de la misma manera que trató de no sobresalir en el más mínimo detalle. Sin embargo hubo personas que tuvieron el alto honor de conocerla y es de ellos de quienes recibimos los detalles desconocidos de su vida.

Recibiendo sufrimientos con amor

En los últimos años, cuando enfermó la Rabanit Z’L, padecía angustias y sufrimientos. Cada dolor era soportado en completo silencio. Jamás nadie la oyó quejarse, suspirar o lamentarse.

Cuidó su noble conducta y su hidalguía, tratando de no molestar ni preocupar a quienes la rodeaban. Inclusive ocultó gran parte de su afección a su propio esposo, para evitarle a éste, congoja y desasosiego.


Cuando fue absolutamente necesario internarla, se hizo con rapidez extrema. Había que proporcionarle una transfusión de sangre en forma urgente. Mientras se efectuaban todos los preparativos y la Rabanit Z’L aguardaba sentada, se sintió descompuesta y pidió un vaso de agua. A los pocos instantes, su alma pura se elevó hacia los Cielos. Esto sucedió después de la medianoche del 22 de Shvat de 5748...


Cuentan los jasidim que la abuela del Rebe anterior, es decir la bisabuela de la Rabanit, desaparecida físicamente en el mismo mes muchos años antes, falleció luego de rezar sus oraciones. Devolvió el Sidur, pidió tomar un vaso de agua, para luego inmediatamente fallecer...

Lo increíble es que su abuela, la Rabanit Shterna Sara Z’L, asombrosamente falleció en el mismo mes de Shvat, y fue en un Shabat, luego de la Tefilá, y también pidió tomar un vaso de agua...

Existen muchas situaciones similares entre estas tres santas mujeres, la relación es comprensible por sí sola...


Amor al prójimo

Aunque su desaparición causó un gran dolor en todo el ámbito judío, se llevaron a cabo reuniones para despertar el ser judío, expresando las palabras que su esposo (durante 60 años), el Rebe, mencionó el primer día de duelo (shivá) en su nombre: “VehaJAI (su nombre era JAIA) iten el libó” (Eclesiastés 7-2) “Y el que vive debe poner esto en su corazón”, que significa que es una obligación para cada uno de nosotros aumentar el estudio de la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot, pero sobre todo incrementar la Mitzvá de Amor al Prójimo.-


Pequeñas anécdotas


La Rabanit Z’L, en sus últimos años, sufría considerablemente de la vista. Cierta vez le preguntaron: “Judíos de todo el mundo piden al Rebe una Brajá (bendición). ¿Por qué Ud. se priva de esto?. A lo que simplemente respondió: “Es muy importante para mí no causarle ningún dolor”.


Cada vez que la Rabanit daba a conocer alguna respuesta del Rebe, la daba siempre verbalmente y agregaba:”así fue exactamente su respuesta”.


Jamás agregó o explicó alguna de las palabras de su esposo, simplemente repetía precisamente las expresiones.


Siempre preocupada por la salud de su esposo, cuando ella misma no se sentía bien, y el Rebe le sugería una consulta médica, ella aceptaba con la condición que el doctor lo examinara también a él. Por supuesto que esta sugerencia era aceptada....

Historias de la Rebetzen Jaia Mushka Z”L

Unos relatos para compartir de la Rebetzen Jaia Mushka publicadas en el libro “Ayer, hoy y siempre... El Rebe”. Una antología de historias jasidicas del Rebe de Lubavitch, Rabbi Menachem M. Schneerson publicado por el Beit Jabad de Paraguay en el año 1997.

Historia 1

EL BILLETE


Junto con millones de otros, El Rebe y su esposa Rebbetzin Jaya Mushka Z”L fueron desarraigados de su hogar durante la Segunda Guerra Mundial. Poco después de que los Nazis subieron al poder, el Rebe y la Rebbetzin se mudaron de Berlín, donde ellos habían estado viviendo por varios años, a París. Ellos huyeron de París a mediados de 1940 en uno de los últimos trenes antes de la invasión alemana, y llegaron a Vichy, que sirvió de refugio para los judíos que huían.

Vichy estaba bajo el mando italiano y los italianos eran menos antisemitas que sus aliados alemanes. Sin embargo, era sólo relativamente seguro: la vida en cualquier ubicación en una Europa Nazi era peligrosa e insegura para los judíos.

Los hoteles locales no abrían sus puertas voluntariamente a los refugiados desamparados. A fin de entrar en un hotel, el huésped tenía que probar que él poseía por lo menos cien dólares. Esto sobrepasaba, por lejos, los magros medios de la mayoría de los refugiados.

El Rebe tenía solo un billete de cien dólares. El se aventuró afuera en las calles buscando refugiados necesitados.

Pasándole el billete, el dirigía al refugiado al hotel en el cual estaba alojado. Después de que el refugiado fuera admitido, él deslizaba de vuelta el billete al Rebe sin ser notado. El Rebe volvía a las calles con “el billete que abría la puerta”, buscando otro “cliente”.


(Pág. 75-76)


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Historia 2

ESCAPE A AMÉRICA


Entre las muchas estrictas regulaciones impuestas a los ciudadanos de un país en guerra, estaba la demanda de vender todo oro poseído en forma privada al gobierno. Un día, un
judío desesperado golpeó la puerta del Rebe. “Por favor, ayúdeme. Vender mi oro con una tremenda pérdida me arruinaría totalmente y quebraría la posibilidad de mi familia de sobrevivir a esta terrible guerra. Por favor, guarde mi oro en su departamento”. El Rebe estuvo de acuerdo rápidamente en ayudar a un prójimo Judío. Las pepitas de oro fueron escondidas en un armario del minúsculo departamento.

Al poco tiempo, los italianos comenzaron a buscar oro en las moradas de los refugiados. La Rebbetzin Z”L estaba preocupada de que la posesión de la fortuna del hombre podría poner en peligro sus propias vidas, puesto que la posesión ilegal de oro era una ofensa capital. “Quizás deberíamos transferir el oro a otro lugar” sugirió ella ansiosamente. El Rebe fue firme. “No. Un prójimo Judío nos confió su fortuna completa, y es nuestro deber protegerla”.

Mientras tanto, esfuerzos desesperados estaban siendo realizados al otro lado del océano por el Rebe anterior, Rabbi Yosef Yitzjak Schneerson, para facilitar la inmigración del Rebe y la Rebbetzin a América.

Después de interminables y urgentes llamadas telefónicas, telegramas y horas de esfuerzo, los papeles necesarios y los pasajes de barco fueron obtenidos por la pareja. El viaje estaba programado para embarcar desde Portugal, donde llegaron sin contratiempos. Poco antes de abordar el barco a América, el Rebe recibió un telegrama de su suegro. “No viajes en ese barco” era el breve y sorprendente mensaje.

Tan pronto como un abrir y cerrar de ojos, el Rebe canceló las reservas y esperó la próxima partida. Más tarde, se supo que el primer barco había sido hundido por cañoneros alemanes. No hubo sobrevivientes. El Rebe y la Rebbetzin, en cambio llegaron felizmente a Nueva York el 28 de Sivan 5701 (1941).

“A mis ojos, el aspescto más sorprendente de este incidente” dice un jasid, “no es la visión a distancia del Rebe anterior, sino la aceptación incuestionable del Rebe a su instrucción. El obtuvo los papeles requeridos y los pasajes a través de una serie de milagros. Los nazis estaban al tanto de su identidad y no había ninguna certeza de otra partida adicional. Cualquier demora podría haber arriesgado su posibilidad de escape. Sin embargo, a pesar de que sus vidas corrían peligro, el Rebe siguió la instrucción de su suegro sin pensarlo dos veces”.
(Pág. 76-77)


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Historia 3

EL PEDIDO DE UNA ESTUDIANTE


Los alumnos del Seminario de Montreal fueron a Crown Heights el 22 de shvat (el iortzait de la Rebetzen Jaya Mushka). Cuando visitaron el Ohel, una niña de 17 años pidió una rápida recuperación para ella. Había entrado y salido de hospitales por años, con una seria condición del corazón. La clase retornó a Montreal el día siguiente.

En la cita siguiente con el médico de la jovencita, el doctor miró su historial médico, y luego a ella sorprendido. Llamó a otros cardiólogos, quienes, a su vez, la examinaron y a su historial médico y estuvieron igualmente sorprendidos. Fue enviada a casa con una nota de buena salud, para la emoción y absoluta felicidad de su familia y amigos.

(Pág. 198)


Fuente: “Ayer, hoy y siempre... El Rebe”. Una antología de historias jasidicas del Rebe de Lubavitch, Rabbi Menachem M. Schneerson publicado por el Beit Jabad de Paraguay en el año 1997.


Soy un Jasid del Rebe

La siguiente historia fue relatada por la Rebetzn Jaia Mushka de bendita memoria...

Había una familia relacionada con el Rebe que vivía en Boro Park, Brooklyn. Siempre que tenían una pregunta le pedían a la Rebetzn que la formulara al Rebe. Después, ella les transmitía la respuesta. Un día, le avisaron telefónicamente que la madre de esta gente estaba muy enferma y después de muchas pruebas en el hospital, los doctores concluyeron que necesitaba ser operada. Ellos llamaban para pedir el consentimiento del Rebe y su bendición.
Cuando la Rebetzn llevó el mensaje al Rebe, éste dijo que no debían practicarle la cirugía. La Rabanit Jaia Mushka les comunicó la respuesta del Rebe, pero unos días después, llamaron de nuevo. Dijeron que los doctores opinaban que debido a la negativa a realizar la intervención quirúrgica, su condición se había deteriorado y su vida podría estar en peligro. La familia pedía si la Rabanit podía preguntar al Rebe de nuevo.

El Rebetzin dijo que en Lubavitch no se pregunta dos veces. "Me considero un Jasid- discípulo- del Rebe y hago como los Jasidim hacen, por lo que no puedo preguntar otra vez” dijo. La familia estaba desesperada, por lo que la Rebetzn les aseguró que si el Rebe venía a casa y preguntaba si había tenido noticias de ellos, ella repetiría lo que habían dicho, pero no preguntaría de nuevo.

Cuando el Rebe vino casa para la cena, preguntó a la Rebetzn si había tenido noticias de la familia. Ella le contó lo que había sucedido y entonces agregó: "No estoy preguntando; estoy sólo contándote”

El Rebe parecía serio y después de una pausa dijo: "¡Repito, no deben operar!"

El Rebetzin les dio después la respuesta clara a la familia y luego de unos días se comunicaron nuevamente. Contaron que los doctores dijeron que su condición se había deteriorado más aun y que su vida estaba en peligro. Les pidieron que firmaran que asumían la responsabilidad por la mujer y absolvían a los doctores y al hospital.

La Rabanit dijo: "El Rebe ya dijo dos veces que no la operen"

Cuándo el Rebe vino casa, ella le relató los últimos eventos y el Rebe dijo: "¿Por qué no prueban la medicación?"

La Rebetzin llamó a la familia inmediatamente para transmitir las palabras del Rebe. Ellos lo mencionaron a su vez a los doctores que se rieron. "¿El rabino sabe más que nosotros sobre medicina? Opinamos que sólo una intervención puede salvarla y no es una cuestión de medicación"
La familia creyó en lo que el Rebe dijo y fue de sección en sección, buscando a un doctor que los entendiera. Finalmente, encontraron a un médico que pensó por un momento y entonces dijo: "Pienso que sé qué medicación el Rebe tiene en mente. Visitaré a su madre y le daré una inyección y veremos qué pasa."

Después de unos días, los doctores dijeron que repentinamente su condición se había estabilizado. Ignoraban lo sucedido, pero ya no estaba deteriorándose. El doctor era optimista y creía que había usado la medicina que el Rebe quería. Luego de la segunda inyección, los doctores admitieron que había mejorado. Y así fue hasta que fue dada de alta.

Cuando la Rabanit le dijo al Rebe que la mujer había vuelto a casa, el Rebe dijo: "Cuando me preguntaron por una cirugía, vi que si lo hacían, la mujer no lo saldría de la sala de operaciones y me opuse. Cuando preguntaron de nuevo, pensé que los doctores al ver que la familia se opuso fuertemente a una operación, probarían la medicación. Cuando vi que no lo estaban pensando en absoluto, hice pensar en la medicación explícitamente."

Ecos

 

La pequeña habitación verde podía albergar tres, tal vez cuatro personas. Había un escritorio, algunas sillas, un rabino y una colección de libros apoyados en el umbral de una ventana de vidrio, que daba a una calle muy transitada. Fue aquí que me puse tefilin por primera vez hace veinte años. Y por los siguientes dos años, era aquí, una vez por semana, los martes en la tarde, que experimentaba el más profundo y transformador despertar espiritual.

Era la clase de Tania.

El rabino leía el texto en voz alta con una tonada magnética. Su monólogo era tan hermético y cohesivo que nadie lo interrumpía. Para mí era pura revelación.

Cuando lo escuchaba, las palabras parecían entrar a través de la totalidad de mi cuerpo, no sólo por mis oídos. Ellas entraban y se alojaban en un lugar reservado para ellas, como piezas diminutas de un rompecabezas que encuentran el justo espacio tallado para encajar en las dimensiones exactas de la palabra. Luego las palabras se amoldarían como pequeñas piezas de lego formando frases, párrafos y conceptos. Y cuando lo hacían, ocurrían mini-explosiones, pequeñas descargas de energía que estremecían mi mente y mi cuerpo.

Mi concentración a las palabras del rabino era tan absoluta, tan visceral, que mi mente no tenía ninguna chance de hablar. Preguntas, análisis, desafíos —todo parecía irrelevante. Había una aceptación completa y una experiencia del tipo "¡ahhhhhh!" —momento mágico en el cual todas las contradicciones interiores hallan simplemente un punto de unidad que hasta ese momento parecía imposible.

Mi comprensión creció a tal profundidad que yo entendía lo que hablaba y simultáneamente me sentía entendido por completo. Yo raramente hablaba, sin embargo me sentía escuchado. Aunque los conceptos eran nuevos y el idioma extraño, las palabras reflejaban algo que parecía que siempre había sabido, pero nunca supe que sabía. Sin tener que revelar quién era, las palabras me describían enteramente. El resultado era un sentido de fusión en una conciencia mayor, un sentimiento de que poseía una individualidad y, a un nivel más profundo, no tenía individualidad en absoluto. Las palabras penetraban a una coyuntura de mi personalidad que era completamente impersonal, y al mismo tiempo tan profundamente personal, que mi corazón se entibiaba mientras escuchaba y a menudo brotaban lágrimas de mis ojos.

El Midrash nos dice que cuando Di-s habló los Diez Mandamientos en el Sinai, no había eco de la voz Divina. El Rebe de Lubavitch explica que esto era porque no había resistencia a las palabras de Di-s. Los Diez Mandamientos penetraron tan profundamente en cada hendidura de la creación que no había superficie alguna para que las palabras rebotaran para crear un eco.

De la misma manera, sentía que las palabras del Omnipotente entraban en mí durante aquellas sesiones de martes por la tarde. Era como si el Omnipotente hubiera llenado de revelación y verdad dentro de mí. Parecía que Él había simplemente sorteado todas mis barreras —mis oídos tapados, mi mente cínica y defensiva—y puesto Sus joyas en mi corazón.

No había ecos en ese pequeño cuarto verde.

Más tarde, luego de que dejaba ese cuarto y volvía a mi estado normal, reflexionaba sobre las palabras y conceptos que había escuchado allí. Repasaba, con mis facultades intelectuales intactas, lo que había aprendido. Pero algo en mi proceso de pensamiento había cambiado. Antes, yo me acercaba a ideas e información nuevas con cierto grado de escepticismo y cinismo. Aprendía desde una actitud de "¿a ver las pruebas?" que había desarrollado durante años de palabras vacuas y revelaciones falsas, y haber leído tantos libros llenos de experiencias ilusorias de descubrimiento personal.

Pero ahora, abría los libros con una simple meta: entender mejor. La verdad de lo que se estaba diciendo no estaba en cuestión. El único desafío era entender bien la verdad, permitirle llegar más profundo en mi ser, y encontrar el valor para transformar mi vida de acuerdo con ella.

Yo sé ahora que escuchar las palabras de Di-s, de manera tan incondicional, es un raro regalo —una demostración momentánea de bondad Divina. Como tantos otros, antes y después de mí, recibí durante esos dos años eso que el jasidismo llama "un despertar de Arriba". El Omnipotente me había dado un vislumbre —aunque profundo —de un tesoro que era mío. Pero a continuación de este despertar vino la demanda de mi propio trabajo. El tesoro estaba lleno con el conocimiento y sabiduría más sublimes —pero finalmente yo tendría que trabajar para poseerlas.

Entusiasmado con este despertar de Arriba, Di-s había sembrado alrededor de mi cinismo, mi desconfianza, y todas las actitudes contrarias, valores y juicios que me habían formado durante mi vida. Pero Él no estaba satisfecho. Él exigía ahora que yo vuelva atrás y refine cada uno de éstos. Ahora dependía de mí asegurar que la luz que Él había puesto tan brillante dentro de mí, fuera usada para iluminar cada rincón restante de oscuridad.

Y así, empecé a escuchar Sus palabras, sin los ecos de las muchas capas que constituían la totalidad del ser en que me había convertido.

Después de haber oído sin estas resonancias, estos ecos ahora son inequívocos. Como una trompeta, cada eco se ha vuelto una llamada a la acción; como un candil, cada eco ilumina un área de mi vida que requiere transformación; como una señal, cada eco indica otra senda hacia mi alma interior. En el murmullo más suave, cada eco anuncia la puerta al lugar dentro de mí, donde siempre he oído sin ecos, donde el tesoro siempre ha sido mío.

 

El Rincón de Mashiaj: MASHIAJ, LA FE EN LA REDENCIÓN, EL NÚMERO 12 DE LOS PRINCIPIOS DE LA FE JUDÍA

 

Como ya explicamos el estudio de la Torá sobre la redención y el Mashíaj promueve el progreso de la llegada de la redención en cinco niveles. El primero de ellos es la fe en el Mashíaj. Cuando estudiamos acerca de la redención y el Mashíaj fortalecemos nuestra fe en su llegada. Todo judío cree que va a venir, sin embargo, a veces esta fe se repliega en el inconsciente de la persona y no la siente de una manera tangible. Para que sea algo significativo en la vida de una persona debe ser internalizada en su conciencia, debe ser transformada de algo intangible que sobrevuela por encima en un conocimiento concreto y perceptible. Hay una razón por la que mucha gente ha relegado su fe en la redención a un rincón elusivo de su inconsciente. Este distanciamiento de la creencia de nuestro conocimiento consiente procede de la desaparición y el fracaso histórico de los líderes de Israel y de las naciones, en las generaciones pasadas, que pretendieron ser Mashíaj y redentores del mundo. La decepción del pasado y el miedo a nuevas desilusiones causan que el pueblo se distancie de la fe en Mashíaj, dirigiendo el punto perdurable de fe en sus corazones hacia un refugio seguro y sin amenazas en el inconsciente.

Moshé es la figura encargada de fortalecer nuestra fe en el Dios de Israel y de guiarnos para que interioricemos Su Torá. Moshé es llamado "el pastor fiel", el líder que nutre a su rebaño con una intensa fe interior y consiente en Dios. La fe en la llegada del Mashíaj y su transformación en conocimiento consiente es algo que también depende de Moshé que nos sacó de Egipto y del Moshé que nos saca en cada generación, y se despierta estudiando en la Torá de Moshé y en las enseñanzas del Moshé de cada generación acerca de la redención y el Mashíaj. Si la persona no lo hace su fe en el Redentor es algo vago; cree que seguramente vendrá algún día, pero no considera esto como un escenario real dentro de su vida. Únicamente si estudia estos temas y los hace parte de su realidad, puede crear un sentimiento que le permita creer y esperar que la redención tenga lugar realmente hoy.(continuará)
Traducción de fragmentos del libro en hebreo del rabino Cabalista Itzjak Ginsburgh: Beitá Ajishena
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