Parshat Behar
Después que hubieron tomado posesión de Canaán, los judíos debieron observar cada séptimo año como uno de Shemitá (sabático) para la tierra.
Cada cincuenta años debían observar el Iovel (jubileo), que sería proclamado en Iom Kipur. Durante ese año los campos no podían ser sembrados. Además, los esclavos hebreos debían ser liberados y todas las tierras devueltas a los dueños originales.
Se debía prestar dinero a un judío pobre sin cobrarle interés.
Parshat Bejukotai
La tierra producirá en abundancia y los granjeros estarán ocupados todo el año...
Moshé expone que la adhesión a las leyes se traducirá en prosperidad y paz para el pueblo. La tierra producirá en abundancia y los granjeros estarán ocupados todo el año en la siembra de semillas y el levantamiento de las cosechas. Con la protección del Señor, ningún enemigo atacará a los judíos y éstos disfrutarán de paz y felicidad.
En esta Parshá concluye el libro de Vaikrá (el tercero de la Torá).
JAZAK, JAZAK, VENITJAZEK (¡Sé fuerte, sé fuerte, y nos fortaleceremos!)
Aquí finaliza el libro de Vaikrá (Levítico) de la Torá y comienza Bamidbar (Números)
Behar - Bejukotai - “El judío cree en Di-s y siembra”
“Y descansará la tierra en Shabat para el Altísimo”... (Vaikrá 25,12)
En nuestra Parshá la Torá enumera las leyes del año sabático de shmitá.. Se explica en los libros sagrados que el año sabático estaba destinado a afianzar en el corazón del judío la fe en el Creador del mundo. Mientras que durante los seis días de labor agrícola su pan era el producto de su trabajo y esfuerzo, en el año sabático, cuando cesaba totalmente la actividad del campo su confianza y seguridad estaba puesta exclusivamente en el Altísimo.De esta manera, el año sabático enseña al hombre que es Hashem Quien alimenta y sostiene al mundo entero, y por ende cuando el hombre regresa al trabajo en el campo durante los seis años de labor agrícola estaba entusiasmado e imbuido de la conciencia que su sostén económico proviene de Di-s (y no, Di-s libre, de “mi fuerza y el poderío de mis manos”)
NO ES ALGO NATURAL
El Talmud (Shabat 31,a) dice que el judío se caracteriza porque “cree en Quien da vida al mundo y siembra”, es decir, cuando siembra el campo, no ve en ello nada más que un acto natural, además actúa en base a las leyes de la naturaleza, sino que siembra tan solo porque cree en Di-s en Él esta puesta su esperanza que le enviará su sostén a través de sembrar la tierra. En esta fe en Di-s, hay dos niveles en lo que respecta al asignado a los medios naturales a través de los cuales se recibe el flujo Divino de bendición:
NIVELES DE FE EN DI-S
Una posibilidad es que el hombre se apoya en Hashem que continuará manejando a la naturaleza. Sabe que es el Altísimo el Creador y es Él Quien fijó las leyes de la naturaleza, en un sistema en el cual “la siembra y la cosecha... no cesarán”(Bereshit 8,22). Por ello, cree que Di-s proseguirá manejando la naturaleza en esta manera, y por ende la siembra será exitosa. Es verdad que le asigna importancia a las leyes naturales y las toma en cuenta, pero posee la convicción de fe que la importancia que tiene la naturaleza y sus reglas se debe tan solo a que Di-s fijó este sistema. Otra posibilidad es que la persona no se apoya en absoluto en las leyes naturales y no les asigna valor alguno, puesto que siente que Di-s crea al mundo en su totalidad cada instante desde la nada absoluta, y por ende, todo absolutamente todo, incluso los fenómenos naturales y sistemáticos son realizados por Él. Sin embargo - siembra, porque Di-s encomendó sembrar y trabajar la tierra. Por ello tiene la confianza y seguridad de que por esta vía Di-s le enviará Su bendición. Este es el nivel de fe que esta por encima de la razón lógica.
SIN INSTRUMENTOS NATURALES
Superior a ello es la fe del año sabático. Durante los seis años de labor agrícola, incluso estando en el segundo y más elevado nivel de fe en Di-s, siendo que hay aquí una acción natural al sembrar, puede ello opacar la fe de que la bendición viene exclusivamente de Di-s. Es verdad que en su parte interior el hombre tiene puesta su fe solo en Di-s y no le adjudica a la vía natural importancia alguna, pero a ojos vista el pan es el producto del trabajo de la tierra. Solo en el séptimo año, cuando se cesa totalmente la actividad agrícola y se lo dedica al estudio de la Torá sin preocupaciones externas - ahí queda claro, a los ojos de todos, la poderosa fe en Di-s, una fe absolutamente pura, que trasciende todas las reglas de la razón lógica humana. Este es el nivel de fe requerido de todo judío, y este llegará a su nivel más perfecto en “el día que es totalmente Shabat”- cuando sea la verdadera y completa redención del Mashíaj.(Likutei Sijot, tomo 32, Pág. 159)
TORA
El secreto de nuestra existencia
Shavuot, la festividad de la Entrega de la Torá, está muy cerca. Es el momento adecuado para considerar la siguiente pregunta: ¿Cuál es el secreto de nuestra existencia?...
¿FUE RIQUEZA O FORTALEZA?
Un análisis objetivo de nuestra larga historia mostrará que no fue ni la riqueza material ni la fuerza física lo que ayudó al pueblo judío a sobrevivir a través de las épocas. Aún en los tiempos de mayor prosperidad bajo la monarquía unificada del Rey Salomón, el pueblo y el estado judíos eran insignificantes en comparación con sus contemporáneos, tales como los imperios de Egipto, Asiria y Babilonia.
¿FUE UNA PATRIA?
Que no fue una patria o una nacionalidad surge claro del hecho de que la mayor parte del tiempo, nuestro pueblo no poseyó un estado independiente y vivió en la diáspora.
¿FUE UN LENGUAJE COMUN?
Que no fue el lenguaje, es también claro a partir de que aún en tiempos bíblicos, el arameo suplantó a la Lengua Santa como lengua cotidiana. Partes de la Escritura y la mayor parte del Talmud de Babilonia, el Zohar, y muchos más, están escritos en esa lengua. En los días de Saadia y Maimónides, el árabe era el lenguaje hablado por la mayoría de los judíos, y últimamente, el Idish y otros idiomas predominan.
¿FUE UNA CULTURA EN COMUN?
Tampoco fue ninguna cultura secular la que preservó a nuestro pueblo, ya que ésta cambió radicalmente de una época a otra.
El único factor común a través de todas las épocas de la historia judía en todas las tierras y en todas las circunstancias es la Torá y las Mitzvot que los judíos observaron con tenacidad en su vida cotidiana.
Ocasionalmente se levantaron grupos disidentes que intentaron alejarse del Judaísmo de la Torá, tales como los movimientos idólatras durante el primer Beit Hamikdash, los Helenistas en el segundo, los Asimilacionistas alejandrinos, Karaitas, etc., pero no pudieron sobrevivir y todos han desaparecido. Si lo consideramos sin prejuicios, fue nuestra adhesión a la Torá y la práctica de las Mitzvot en nuestra vida diaria, el factor esencial de nuestra existencia y supervivencia.
El secreto de nuestra existencia está en ser “un pueblo que mora solo”. Cada uno de nosotros, hombre o mujer, creyendo en el Unico Di-s, llevando una vida de acuerdo a la única Torá que es eterna e inmutable. Nuestra “diferencia” e independencia de pensamiento y conducta, no son nuestra debilidad, sino nuestra fortaleza. Tan sólo así podemos cumplir con nuestra función impuesta por el Creador, de ser para El “un reino de sacerdotes y una nación santa”, y de esa manera ser también un “tesoro” para la humanidad.
LA VERDAD
En conexión con la festividad de Shavuot, donde celebramos “Matán Torá”, la entrega de la Torá en el monte Sinaí, traemos una respuesta dada por el Rebe respecto a la autenticidad de Matán Torá.
“¿Cómo es posible aseverar la prioridad de la religión judía sobre otras? ¿Cómo saber cuál es más cercana a la verdad, o si es la misma verdad?
Voy a acotar en relación a esto, las palabras del hombre más sabio que existió, el Rey Salomón: “Di-s hizo recto al hombre, mas ellos buscaron muchos artificios” (Ecl.7:29). En otras palabras, muchas veces el hombre se confunde cuando innecesariamente procura inquirir sobre cosas que ya son aceptadas y que no presentan ninguna dificultad. No hace falta decir que cuanto más intelectual es la persona, más se inclina a buscar “artificios” y en consecuencia es más propenso a confundirse.
Esto me recuerda un episodio que me contó un profesor de medicina: En una ocasión cuando estaba estudiando anatomía, y en particular la anatomía de la pierna, describiendo los diferentes músculos, que por cierto son muchos, y están perfectamente coordinados durante el movimiento de la pierna al caminar, se quedó tan enfrascado en los detalles, analizando la acción de cada músculo y de cada coyuntura (más aún, siendo un hombre de gran intelecto), que momentáneamente encontró dificultoso y complicado el caminar. La enseñanza es obvia. Y ahora responderé a su pregunta:
.....En primer lugar, estableceré la base lógica acerca de la Verdad de que la Torá y las Mitzvot nos fueron dadas a nosotros los judíos por Revelación Divina. No es difícil probarlo, ya que la prueba es igual a todas las evidencias que tenemos de eventos históricos de generaciones pasadas, aunque en nuestro caso, esto es en forma más contundente y convincente. A manera de ilustración: Si se le pregunta cómo saber que existió una persona como ser Maimónides (a quien menciona en su carta) autor de Hayad Hajazaká, sefer Hamitzvot, etc., seguramente responderá que está seguro de su existencia por los libros que él escribió, y aunque Maimónides vivió hace unos 800 años, sus obras impresas fueron copiadas de ediciones anteriores, y éstas de anteriores y así en forma ininterrumpida, llegando al manuscrito que el Rambam escribió de su puño y letra. Esto es considerado como prueba suficiente aún a la luz de las discrepancias o contradicciones que hay de un libro del Rambam a otro. Esas contradicciones no descalifican la prueba antes mencionada, pero se hacen esfuerzos para reconciliarlos en la certeza de que ambos fueron escritos por un mismo autor.
La misma prueba es la que determina la veracidad de cualquier hecho histórico, aunque nosotros no lo hayamos presenciado, y hace que toda persona normal lo acepte sin cuestionamientos, salvo aquellos que por alguna razón están interesados en falsear los hechos.
En muchos casos la autenticidad de un evento histórico está basada en la evidencia que tiene un grupo limitado de personas. Aún en el caso de que haya lugar para sospechar que los testigos tienen algún otro interés, si no hay algo que nos obligue a sospechar (y especialmente si podemos verificar y reverificar la evidencia) la aceptamos como un hecho.
Supongamos que 600.000 padres dicen hoy a sus hijos “Esta mañana ustedes y nosotros estuvimos reunidos en cierto lugar, y todos oímos una voz Celestial que proclamaba los Diez Mandamientos”. Los niños no lo aceptarían alegando: “¿si nosotros estuvimos allí con ustedes, por qué no escuchamos ni vimos nada?”. Si asumimos que las reacciones humanas no han cambiado esencialmente en el curso de los siglos, entendemos que esa hubiera sido también la reacción en el siglo pasado, también hace dos siglos, y así sucesivamente hasta llegar a la generación de aquellos padres que presenciaron nuevamente que en esta larga cadena de tradición, no hubo ningún corte, como tampoco el número de transmisores en ningún momento se vio reducida a menos de varios cientos de miles, ya que no hubo ningún corte, como tampoco el número de transmisores en ningún momento se vio reducida a menos de varios cientos de miles, ya que no hubo en ninguna época menos de un millón de judíos de todas las clases. Aun así, en cada generación de la historia ininterrumpida de nuestro pueblo, ese evento fue aceptado como historia auténtica, y el texto del Decálogo se mantuvo exactamente igual. Esta es entonces una evidencia innegable de acuerdo a todas las reglas del probar científico aceptadas en nuestros días.
Esto no podemos decirlo de ninguna otra religión en el mundo, tal como las que Ud. menciona, como ser el Budismo, el Cristianismo y el Islamismo. En el caso de esas religiones, hay un corte definitivo, pues la tradición llega a un solo individuo, tales como Budah, Mohamed o el fundador del Cristianismo, quien transmitió sus enseñanzas a un grupo de 12 apóstoles.
Pirkei Avot
CAPÍTULO 5: El Tratado de Avot es parte del Talmud. Sin embargo se diferencia de los demás Tratados. El Masejet Avot no se dedica a explicar las Mitzvot de la Torá-como lo hacen el resto de los Tratados- sino que su contenido es de ética y virtudes...
PIRKEI AVOT: CAPÍTULO 5 : MISHNÁ 2
DIEZ GENERACIONES
“Hubo diez generaciones desde Adam a Noaj- para dar a conocer cuán grande es Su paciencia; pues todas esas generaciones Lo encolerizaron repetidamente, hasta que El trajo sobre ellos las aguas del Diluvio. Hubo diez generaciones desde Noaj a Abraham- esto da a conocer cuán grande es Su paciencia; pues todas las generaciones Lo encolerizaron repetidamente, hasta que vino Abraham, nuestro padre, y recibió la recompensa de todos ellos”.
Con este resumen de las primeras veinte generaciones de la historia, desde su mismo inicio, la mishná nos señala para la micro-historia de nuestras vidas: cómo ocuparse de los elementos negativos que encontramos en nosotros y en nuestro entorno?.
Las diez primeras generaciones perversas no obtuvieron ningún beneficio. Después de abusar de Su tolerancia al límite, Di-s hizo “borrón y cuenta nueva”, y reconstruyó Su mundo nuevamente a partir del piadoso Noaj y su familia. A continuación de Noaj, vinieron otras diez generaciones de conducta malvada y destructiva para la humanidad. Pero Abraham “recibió la recompensa de todos”- eso significa que él tuvo éxito en elaborar el potencial para hacer el bien, que estas diez generaciones poseían. Abraham fue capaz de extraer el núcleo de bondad que se encontraba inmerso en toda esa maldad. En lugar de perderse, sus vidas y esfuerzos fueron redimidos y liberados por Abraham.
En el nivel individual, la persona debe aprender a distinguir entre dos tipos de mal. Superficialmente ambos son negativos, pero hay una gran diferencia entre ellos: La Torá marca límites claros para definir qué debe ser rechazado en forma absoluta y qué puede ser desarrollado y transformado en bien.
Existen ciertos elementos que, si la persona los halla en su propio carácter o en su ambiente, debe erradicarlos completamente: todo intento de tratar con ellos será contraproducente y corruptivo. Pero la Torá también no insta a distinguir los aspectos de nuestras vidas que, a pesar de su superficie cruel, contienen un potencial tesoro.
Considerarlos indeseables, eliminándolos, sería igual que “arrojar al bebe junto con el agua de la bañera”, a veces son necesarios estos elementos “despreciables” ya que contienen aspectos gratificantes. Extraer estas gemas del traicionero y tosco suelo donde se encuentran enterradas es uno de los desafíos de la vida en este mundo terrenal. Pero por supuesto, debe uno manejarse en base a lo que dice el Código de Leyes de la Torá para discernir y no puede manejarse con criterios personales, que por más bienintencionados que sean, pueden estar diametralmente opuestos a la Voluntad de Di-s.
Extraído de Beyond the letter of the law, de los comentarios del Rebe de Lubavitch.
El Rincón de Mashiaj: LAG BAOMER, RABI SHIMON BAR IOJAI, CONSTRUIR EL MUNDO. AMAR
Cuando los regentes romanos de la Tierra de Israel pusieron precio a las cabezas de Rabí Shimón bar Iojai y su hijo Rabí Elazar, estos se ocultaron en una cueva durante doce años. Durante este tiempo, pasaron cada minuto de su día estudiando Torá. Cuando salieron de la cueva, se escandalizaron al descubrir gente arando y sembrando: ¿Cómo puede la gente dejar de lado la vida eterna, que es la Torá y ocupar sus días con la vida transitoria de lo material? Tan intensa fue su cólera ante tamaña insensatez que cualquier cosa que se encontró con su ardiente mirada se encendió en llamas. Proclamó una voz desde el cielo: "¿Habéis salido para destruir Mi mundo? ¡Regresad a vuestra cueva!" El decimotercer año de estudio de Rabí Shimón, mientras aumentó su conocimiento y apreciación de la verdad eterna de la Torá, también le enseñó el valor de empeños diferentes a los propios. Ahora, dondequiera que iba, su mirada curaba en lugar de destruir. Los 4.000 años de historia y erudición judía han conocido muchos grandes y diligentes estudiosos de la Torá; sin embargo, ninguno resumió la devoción absoluta a la procura de la verdad Divina en el grado ejemplificado por Rabí Shimón bar Iojái. A lo largo de los escritos de nuestros Sabios, su ejemplo se cita como el caso máximo de uno "cuyo estudio de la Torá es su única vocación". Ciertamente, el compromiso de Rabí Shimón con la verdad no era menos absoluto que el de los otros discípulos de Rabí Akivá. Pero su verdad, sin embargo, era lo suficientemente verdadera como para amar. En su decimotercer año en la cueva, él logró una dimensión de la verdad Divina que tolera, de hecho abraza, las muchas y diversos caminos de conexión con que Di-s ha provisto a una humanidad cuyas mentes, naturalezas y temperamentos son tan dispares como su número. En su decimotercer año en la cueva, Rabí Shimón logró un nivel de verdad en el que podía dedicarse absolutamente a la "vida eterna" que es la Torá y abogar por idéntica devoción en todos los demás y al mismo tiempo apreciar y respetar la senda de aquellos que sirven a Di-s por medio de la "vida temporal" de los empeños materiales.
