Resumen de la parashá

 

A medida que los judíos se iban acercando a la Tierra Prometida, Moshé les reseñaba los acontecimientos y vivencias que experimentaron durante sus años de trajinar por el desierto...


Por otra parte, no debía temer a los canaaneos, ya que Di-s lo protegería. De todos modos, la conquista de la tierra de Canaán sería seguida por la eliminación de toda forma de idolatría.
Moisés explica, luego, que los cuarenta años de deambular por el desierto servirían para probar la lealtad del pueblo y su adhesión a los mandamientos de Di-s. Las dificultades con las que se toparon tuvieron la finalidad de disciplinarlos a fin de “hacerte saber que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de toda palabra que sale de la boca de Di-s”. A continuación describe las bondades de Eretz Israel, incluyendo los siete miním (“variedades” de frutos que crecen allí). Moshé les previene que la prosperidad de la cual habrían de gozar en la Tierra Prometida podría conducirlos a despreciar el papel desempeñado por el Señor en su bienestar. Esta ingratitud sería castigada severamente y los desleales judíos correrían la misma suerte de las naciones paganas que habían sido eliminadas.
Moisés recuerda al pueblo sus anteriores actos de rebeldía. Después de haber estado cuarenta días en la cumbre del monte para recibir las Lujot (“Tablas de la Ley”) regresó y se encontró con la sorpresa de que el pueblo adoraba al eíguel hazahav (“becerro de oro”). HaSHem había manifestado Su intención de eliminarlos, pero Moshé intervino en su favor y destrozó las Lujot, como así también el éiguel hazahav. Luego castigó a aquellos que le habían rendido culto. Además le menciona a la congregación de Israel otros actos de desobediencia: “En Taverá también, y en Masá, y en Kívrot Hataavá seguisteis provocando al Señor.
Después que Moshé hubo abogado por la causa de los bnei Israel solicitándole al Altísimo que recordara los méritos acumulados por los patriarcas, Di-s le dijo que regresara al monte para recibir otras Lujot.

Éstas fueron colocadas en el Arón Hakódesh (“Arca Sagrada”). Los cohanim y leviím fueron designados para efectuar los servicios del Mishkán y el pueblo fue autorizado a continuar su marcha desde el Sinaí hasta Canaán.

Todo lo que Di-s requiere de los judíos, dice Moshé, es que Lo amen, reverencien y sirvan por medio de la observancia de las mitzvot. Su conocimiento personal y directo de la grandeza de HaSHem, manifestada por medio de hechos tales como la liberación de Egipto, el milagro del mar Rojo, las experiencias en el desierto, los castigos milagrosos impuestos a Kóraj, Datán y Aviram, debería ser suficiente para asegurar su observancia y cumplimiento de los preceptos. El sometimiento a las leyes de Di-s asegurará una cosecha abundante por medio de la regularidad de las lluvias de otoño y primavera. Mas si el pueblo se tornase desobediente, las aguas del cielo serían detenidas. Moshé aseguró al pueblo, además, que la adhesión a la Torá daría como resultado su victoria sobre los canaaneos y la obtención de un amplio territorio en la Tierra Prometida.

 

La Parashá en Profundidad

Yo, Tú y Nosotros

Por Yossy Goldman

 

¿Quién es más importante, el judío o el pueblo judío? ¿Es Reb Israel o am Israel?

En la parashá de la semana pasada leímos el primer capítulo del Shemá. Esta semana leemos el segundo. Sin embargo hay muchas similitudes entre los dos. En efecto, determinadas frases son virtualmente idénticas. ¿Por qué la Torá, normalmente tan críptica, es tan repetitiva?

Si uno examina detenidamente el texto, se discierne inmediatamente una significativa distinción entre los dos capítulos. El primer capítulo está en singular y el segundo en plural. Enseña la Torá a tu hijo en el primero y a sus hijos en el segundo. Pon tefilín en tu mano en el primero, y en sus manos en el segundo.

¿Pero por qué se necesitan ambos? ¿Por qué no usar uno u otro? ¿Por qué un párrafo para cada expresión? La respuesta es que Di-s habla al individuo, pero Di-s también habla a la comunidad. Se dirige al judío, y también al pueblo judío. El primer párrafo del Shemá nos enseña que cada individuo es importante, aun crítico, y Di-s se dirige a cada individuo personalmente. El segundo párrafo nos recuerda que también hay una suma de todas las partes; que unidos los individuos forman una comunidad. Y las comunidades también son muy importantes. En ocasiones reconocemos la supremacía del individuo; en otras, la comunidad es suprema.

Si, hay tensiones aquí. El Talmud refleja estas aparentemente conflictivas nociones cuando examina por qué la humanidad fue creada en forma diferente que el reino animal. Como es descripto en el primer capítulo de Génesis, los animales fueron creados en manadas, mientras que inicialmente fueron creados un solo hombre y una sola mujer. Dice el Talmud: Es para enseñarnos que a) vale la pena para el Todopoderoso crear el mundo para un solo individuo y b) así ningún ser humano puede enorgullecerse de que su linaje es mejor que el de cualquier otro. Todos venimos de Adán y Eva, así que tú no eres mejor que yo, ni yo que tú.

Así, del mismo evento, la Torá nos enseña esta paradójica lección: por un lado, el ser humano individual es rey; mientras que por el otro lado, la humanidad reina.

La paradoja es expresada en la Halajá (ley de la Torá) también. Por un lado, la ley de la Torá dictamina que no debemos pagar una cantidad exorbitante si un individuo es tomado como rehén; esto es para evitar recompensar y animar el tomar rehenes, para de este modo proteger a la comunidad como un todo; debemos salvar a ese individuo, pero al hacerlo aumentamos el peligro para la comunidad. Por el otro lado, la ley de la Torá dictamina que si un enemigo peligroso demanda que los líderes judíos les entreguen un individuo en particular, sino atacarán a toda la comunidad, no está permitido sacrificar ni siquiera a un individuo en defensa de la comunidad.

Por lo tanto necesitamos las dos secciones del Shemá. En la Torá ambos son importantes, el individuo y la comunidad.

¿Por qué me ocupo hoy de este tema? Porque aproximadamente en cinco semanas entraremos en el Nuevo Año, y la actual tensión entre singular y plural se manifiesta en forma evidente. "¿Por qué debemos pagar para orar?" Demandarán algunos. Criticarán el desvergonzado comercio de la religión organizada. Y, si, un shul tiene corazón. Y no se puede permitir que nuestras casas de oración se conviertan en mercantilistas y mercenarias, no sea que perdamos a los jóvenes, los pobres y los idealistas. Al mismo tiempo, los individuos deben simpatizar con los duros hechos de la vida en congregación. No debemos tomar por seguro ni tomar ventaja de nuestras establecidas —y costosas de mantener —infraestructuras. La tensión a veces es tangible mientras luchamos por equilibrar esos dos aparentemente exclusivos imperativos de la vida judía.

Las estadísticas varían. En algunas comunidades, no más del 30 % de los judíos están afiliados. En otras el número es mucho más alto. La comunidad debe ser sensible, dando la bienvenida y abrazando a cada individuo que desee pertenecer. Pero los individuos deben ser también correctos. Si todos demandan un viaje gratis, ¿cómo se mantendrá la congregación?

Sigamos recitando los dos capítulos del Shemá. Entonces podremos ver judíos saludables y comunidades judías sanas.

 

"Saciedad y Hambre"


Al llevar a cabo Moshé frente a los hijos de Israel el repaso de los sucesos ocurridos durante su deambular por el desierto, destaca también el man que comieron durante los cuarenta años. En dos oportunidades se menciona al man en nuestra Parshá, y en ambas Moshé enfatiza que su consumición fue una suerte de aflicción: "y te afligió, te hizo pasar hambre y te hizo comer el man." Y a continuación- "quien te hace comer man en el desierto... para afligirte y para probarte".

Es verdad, los judíos se quejaron del man utilizando los términos "y ahora nuestra alma está reseca, sin nada, sólo hacia el man están dirigidos nuestros ojos". Y asimismo "estamos asqueados del pan podrido". Esto es asombroso, puesto que la Torá describe el gusto excepcional del man diciendo: "y su gusto es cual una torta de miel". Nuestros Sabios, a su vez agregan y explican que este era un alimento Divino, fuera de lo normal. El hombre podía degustar con él todos los sabores del mundo. Además era digerido totalmente por el comensal, sin dejar desecho alguno. ¿Por qué comer el man era para ellos una mortificación?

Ese es su Sistema

La Guemará explica que justamente estas virtudes mencionadas acerca del man, dejaban en los hijos de Israel una sensación de hambre. Les costaba acostumbrarse a un "pan del Cielo" que no tenía desechos y con el que pedían probar todos los gustos. Ellos deseaban comer un pan corriente, con el que se saborea lo que se ve.

Pero en realidad, estas críticas por el man eran producto del Ietzer Hará, el instinto del mal. Ése es su sistema: comienza disuadiendo en las cosas pequeñas, y lo va derrumbando hacia los pecados de gravedad. Lo mismo ocurrió con los judíos: comenzaron con quejas por el man, y de eso llegaron a "lloraba por las familias", que como explican nuestros Sabios, alude a que se lamentaban por las prohibiciones recibidas con respecto a la vida familiar, las graves leyes de adulterio, incesto, etc.

El Man en Nuestros Días

Este tipo de incitación del Ietzer Hará existe en toda época y en todo lugar. También en nosotros se queja del "pan del Cielo" y trata de persuadir al hombre a desear "el pan de la tierra". El man, pan del Cielo, simboliza la sabiduría de la Torá. Mientras que el pan de la Tierra representa las ciencias naturales, las ciencias seculares. El Ietzer Hará argumenta que la Torá, el pan del Cielo, no lo llena, que con su racionalidad se queda con hambre.

El instinto del mal objeta: La Torá es infinita. Aunque la estudies, no llegarás a su final. Por el contrario, cuanto más estudies, más te percatarás de su infinidad. Es preferible estudiar las ciencias seculares, donde podrás sentir la plenitud del saciado y deleitarte con tu logro personal.

Estar Lleno en el Alma

En un nivel más sutil y delicado, el Ietzer Hará intenta convencer para que no se estudien las enseñanzas del jasidismo, la dimensión interior de la Torá, la que se compara con "el pan del Cielo", y que uno se de por satisfecho con el estudio de la parte revelada y abierta de la Torá, el "pan de la tierra". Y con argumentos similares.

Pero lo opuesto es la verdad: siendo que el judío es esencialmente una entidad espiritual, es imposible que experimente la verdadera plenitud interior de los temas terrenales. La verdadera saciedad del alma Divina puede darse solo a través del estudio de la Torá y de la dimensión interior de la Torá, a través de las cuales se une el alma con el infinito de Di-s.

(Likutei Sijot tomo 4, Pág. 1102)

 

El Hombre no vive sólo del Pan, sino de cada Proverbio que emana de la boca de Hashem

El Midrash dice

 

¿Cuál es el significado de esta afirmación?

□ Una persona debe ser consciente que la comida no tiene la característica intrínseca de alimentarlo; sólo lo hace porque D-s decretó en los Seis Días de la Creación que lo haría. Creó este mundo dentro de un patrón determinado que llamamos "naturaleza", pero si Hashem retira Su Voluntad de que el pan sea alimenticio, perderá instantáneamente dicha característica. (Inversamente, la Voluntad de D-s puede convertir cualquier incomible en algo alimenticio).

□ El pan alimenta el cuerpo del hombre, pero no su alma. Para darle sustento a su alma el judío necesita de las enseñanzas de D-s, la Torá. Al estudiar y observar los mandamientos de D-s, su alma gana vida en este mundo y en el próximo.

Moshé recordó a los Bnei Israel: "Cuando siguieron a D-s por el desierto, El los proveyó tanto de vestimenta como de alimentos, para que no tengan ningún tipo de preocupaciones materiales".

Rabí Elazar, el hijo de Rabí Shimón bar Iojai preguntó a su suegro, "¿Cómo se vistieron los judíos en el desierto; llevaron sus telares y otras maquinarias cuando salieron de Egipto para tejer sus vestimentas?"

Su suegro, Rabí Shimón ben Iosí, contestó, "En el momento de Matan Torá los ángeles dieron a los judíos vestimentas que nunca se desgastaron (porque eran sobrenaturales)".

"¿Pero qué pasaba si necesitaban nuevas vestimentas porque habían engordado o adelgazado; y los niños necesitan nuevas vestimentas a medida que crecen?" quiso saber Rabí Elazar.

"Nunca necesitaron vestimentas nuevas", contestó Rabí Shimón, "porque las mismas crecían con ellos. No se asombren, lo mismo ocurre en la naturaleza. ¿Acaso no crece el caparazón del caracol junto con él?"

"Sin embargo" preguntó Rabí Elazar, "¿acaso no tenían que lavar sus ropas de vez en cuando?"

"Las Nubes de Gloria solían lavarlas hasta que estuvieran limpias y blancas", explicó Rabí Shimón.

"Pero las Nubes de Gloria eran de fuego", objetó Rabí Elazar. "¿No chamuscaron las vestimentas?"

"Eran prendas celestiales" contestó Rabí Shimón, "y por lo tanto no fueron chamuscadas por las Nubes".

"Y los judíos, ¿no estaban infectados con piojos por llevar una vida sucia en el desierto?" cuestionó.

"Seguramente no" contestó su suegro. "Si los cuerpos de la generación que escuchó la Voz de D-s en Har Sinai no fueron tocados por los gusanos, con más razón, los insectos no los molestaron mientras estaban con vida".

"¿Y las vestimentas no absorbieron el olor a transpiración, por no cambiarse nunca?" Rabí Elazar continuó preguntando.

"Se salvaron de eso también" repondió Rabí Shimón. "La Fuente de Miriam hacía brotar un dulce aroma a pasto. Cuando los judíos descansaban en el césped quedaban impregnados con el dulce perfume".

Cuando los judíos vieron con cuanta perfección D-s cuidó de ellos en el desierto, comenzaron a alabarlo (Tehilim 23): "Hashem es mi Pastor (en el desierto); no me faltará nada. Me hace descansar en pasturas de césped (La Fuente de Miriam se dividiría en ríos, proveyendo a los judíos de agua cerca de las tiendas). Da tranquilidad a mi alma (porque estudio Torá). Aunque camine por el valle de la sombra de la muerte (el desierto temeroso y solitario), no tendré miedo del mal, porque Tú estás conmigo (Tus nubes de Gloria me protegen). Tu preparas una mesa para mi frente a mis enemigos - Me provees del man, que se apila tan alto que los reyes del este y del oeste pueden verlo".

Moshé explicó: "Cuando D-s se hizo cargo de vuestras necesidades para perfeccionaros, visteis que cuando aflige a una persona, Sus motivaciones son las de un padre que considera necesario corregir a su hijo (porque lo ama).

"Durante cuarenta años D-s los instruyó, para que estén espiritualmente preparados para ingresar a la Tierra Prometida con perfección:

□.Eretz Israel tiene muchas fuentes de agua: arroyos, surgentes y ríos que se originan en las profundidades.

□ La Tierra es famosa por sus riquezas deliciosas, en particular las siguientes siete especies:

1. Trigo

2. Cebada

3. Uvas

4. Higos

5. Granada

6. Olivos que dan un aceite excelente

7. Dátiles

□ Además de los cultivos, tendrán riquezas.

□ La Tierra tiene fuentes naturales de hierro y cobre (necesarios para la industria). También tiene rocas para la construcción de viviendas. (Egipto carecía de esas rocas).

"Como D-s te hará llover abundantes materiales, sírvelo con tus riquezas. Bendícelo cuando hayas comido y te sientas satisfecho. (Moshé indicó a los judíos la mitzvá de bendecir a Hashem después de comer pan a satisfacción. Seguiremos tratando este precepto en el próximo capítulo).

"Cuídate de no perder tu temor a D-s como consecuencia de tu riqueza".

Una persona rica puede olvidar a D-s. Hasta una persona que solía ser pobre y de repente enriquece tiende a olvidar que fue Hashem quien lo rescató de la pobreza.

Un hombre justo vivía sumido en tal pobreza que solo vestía harapos y debía buscar su sustento en las pilas de basura. Sin embargo esto no le impedía servir a D-s. Tenía hábitos justos y pasaba largas horas orando y estudiando Torá. Prometió no aceptar donaciones de nadie.

Una vez el profeta Eliahu, disfrazado de árabe, se presentó ante él y le preguntó: "¿Aceptaría un préstamo de dos monedas para invertir en un negocio?

"Si", contestó el hombre justo.

Con las dos monedas compró mercadería, la vendió con ganancias y volvió a invertir el dinero. Vendió y comerció con tanto éxito que cuando finalizó el año era un hombre rico. Los asuntos comerciales ocuparon todo el día y no tenía más tiempo para sus hábitos piadosos y extensas plegarias.

El Todopoderoso se quejó a Eliahu: "Has arruinado el único hombre justo que tengo".

Eliahu apareció ante el hombre nuevamente y lo encontró preocupado en sus tareas comerciales.

"¿Me recuerda?" preguntó. "Fui yo quien te prestó las dos monedas. Por favor encuéntralas y devuélvemelas".

El hombre buscó las monedas y se las devolvió. Pero en cuanto salieron de su posesión, la rueda de la fortuna comenzó a girar nuevamente. Sus negocios comenzaron a fracasar y se endeudó tanto que en el término de un año volvió a ser un mendigo. Como en viejos tiempos, debía hurgar en la basura en busca de comida.

Eliahu volvió a verlo y lo encontró llorando amargamente. "¿Qué le preocupa, abuelo?" le preguntó.

"Estoy afligido porque mi fortuna ha disminuido; perdí todo mi dinero" contestó el hombre.

"¿Me prometes", le preguntó Eliahu, "que si te devuelvo las dos monedas continuarás tus prácticas y plegarias piadosas?"

El hombre prometió y Eliahu le regresó las dos monedas. Esta vez, el hombre no dejó que su fortuna recuperada lo preocupara. Apartó de su tiempo todos los días para servir a Hashem fielmente, como lo había hecho cuando era pobre.

Moshé advirtió a los judíos: "Un hombre rico puede olvidar a Hashem muy fácilmente (porque, a diferencia de un pobre, no está forzado a dirigirse a El).

"Cuando hayaos vivido en Eretz Canaan durante un tiempo, habiendo construido vuestra propia casa, cultivado la tierra e incrementado vuestras riquezas a través del comercio, podéis llegar a haceros arrogantes y tentado a olvidar al Todopoderoso. Podrán exclamar: 'Mi propia fuerza y esfuerzo lograron mi riqueza y éxito'. Pueden desvalorizar de su mente cualquier recuerdo del período del peregrinaje por el desierto de cuarenta años, que les demostró su dependencia de Hashem y les enseñó a temer y confiar en El.

"Les advierto que aun cuando vivan cómodamente en Eretz Canaan deberán recordar que Hashem es Quien les da la inteligencia y la energía para lograr el éxito".

Es natural atribuir el éxito de uno a sus capacidades personales, relegando al Todopoderoso a un segundo plano. La Tora enseña una perspectiva diferente: Lo que adquiramos o produzcamos en el reino de lo material es gracias a D-s, Quien nos concede todos los atributos físicos y mentales necesarios para el éxito. Y aun después de que Hashem nos otorga las habilidades requeridas, no tendremos éxito salvo que El lo disponga.

"Si abandonan a Hashem mientras viven en la prosperidad en Eretz Canaan, eventualmente serán exiliados de la Tierra. Si esto les resulta difícil de creer, recuerden que D-s destruyó las siete naciones canaanitas por sus actos malvados. Hará lo mismo con ustedes si no Lo escuchan".

 

MASHIAJ Y EL 15 DE MENAJEM AB. TUBE AB

 

 

 

Para comprender el significado del 15 de Av, debemos examinar primero el funcionamiento del calendario judío. El aspecto más básico de nuestro calendario es que primariamente es de carácter lunar: un calendario cuyos meses se fijan conforme las fases de la luna. El Zohar explica que el pueblo de Israel marca el tiempo según la luna porque nosotros somos la luna del mundo: tal como la luna, ascendemos y declinamos en el curso de las noches de la historia, conociendo épocas de crecimiento y disminución, alternando nuestros momentos de plenitud con momentos de tinieblas y oscuridad. Y, como la luna, cada una de nuestras regresiones y derrotas no es sino un preludio para un nuevo renacer, otra renovación.(continúa)

La noche en que la luna es visible por vez primera al observador terrestre después de su ocultamiento marca el comienzo de un nuevo mes. Durante las siguientes dos semanas, el mes judío crece con la luna, alcanzando su clímax en la decimoquinta noche, la noche de luna llena. Luego siguen dos semanas de constante disminución de la luz lunar, hasta la noche en que la luna oscurece completamente y el mes mengua llegando a su conclusión. El renacimiento de la luna, 29 o 30 noches después de su nacimiento anterior, da la bienvenida al próximo mes: un nuevo ascenso a la plenitud, seguido por otro descenso al olvido, seguido por aún otro renacer. En consonancia, el día 15 del mes judío marca el punto eminente de la contribución de ese mes particular a la vida judía. Por ejemplo: Nisán es el mes de la redención, y fue en el primer día de Nisán cuando comenzó el proceso de nuestra liberación de Egipto; pero los resultados de este proceso se manifestaron plenamente sólo el 15 de Nisán, con nuestro éxodo concreto de Egipto. De modo que es el 15 de Nisán cuando celebramos la festividad de Pesaj y vivimos el regalo Divino de la libertad a través de las observancias del Séder. Otro ejemplo es el mes de Tishrei. El 1 de Tishrei (Rosh HaShaná) coronamos a Di-s como rey del universo, rededicando la totalidad de la Creación al propósito para el que fuera creada y evocando en Di-s el deseo de continuar creándola y manteniéndola. Pero la celebración de la coronación Divina es eclipsada por los días de solemnidad y temor que ocupan la primera parte de Tishrei, y cobra manifestación abierta en la gozosa festividad de Sucot, que comienza el día 15 del mes. Este es el significado más profundo del versículo: "Haced sonar el shofar con la renovación de la luna, oculta hasta el día de nuestra festividad". El shofar, cuyo resonar atrompetado se hace eco de nuestra "coronación" del Omnipotente, se hace sonar el día 1 de Tishrei, el de la renovación de la luna; pero, tal como la luna misma, la experiencia perdura "oculta" y en gran medida inexpresada hasta "el día de nuestra festividad", Sucot, el 15 de Tishrei. Lo mismo es cierto de cada uno de los doce meses del año judío. Cada mes posee un aporte y una cualidad singularmente propios, que experimenta un ciclo de disminución y crecimiento, ocultamiento y expresión, alcanzando su clímax el 15 del mes. En ello radica la especialidad del 15 de Av. Cuanto mayor el ímpetu de la zambullida de un objeto montaña abajo, tanto mayor el ímpetu que lo lleva cuesta arriba en la próxima montaña; cuanto más se jala hacia atrás una flecha sobre el arco, tanto más grande será la fuerza que la impulsará hacia adelante cuando se la deje volar. Esta ley básica de la naturaleza física rige también el flujo del tiempo lunar y las cualidades espirituales que despliega: cuanto más bajo el descenso, tanto más excelso el ascenso que le seguirá. En consecuencia, el mes de Av debe poseer, de hecho, el 15 más grande de todos ellos. ¿Pues qué eclipse más oscuro hay que el que precede a la luna llena de Av? La segunda mitad de Tamuz y los primeros días de Av marcan una brecha en el corazón mismo del universo y la iniciación de un invierno espiritual del que aún debemos emerger. El 17 de Tamuz del año 3829 desde la Creación (69 de la era común), la órbita lunar de la vida judía se balanceó al más empinado declive de su historia de 4000 años. En ese día, los muros de Jerusalén fueron quebrados por los ejércitos romanos; durante las siguientes tres semanas, desde el 17 de Tamuz al 9 de Av (observadas hasta el día de hoy como "Las Tres Semanas" de duelo), el enemigo avanzó firmemente por Jerusalén, invadió el Gran Templo y, el 9 de Av, le prendió fuego. La destrucción del Templo no fue sino la contraparte física de una pérdida espiritual más profunda. El Gran Templo de Jerusalén era el asiento de la presencia manifiesta de Di-s en nuestro mundo, la fuente de todo lo que es espiritual y Divino en nuestras vidas y el foco de nuestros esfuerzos por implementar el propósito Divino de la Creación, "hacer un lugar de morada para Di-s en el mundo físico". Su destrucción marcó el retiro de la directa y abierta relación entre Di-s y Su creación y el inicio de un estado de galut, un ocultamiento del Semblante Divino, un arropado de la genuina realidad subyacente en la Creación detrás de la máscara del mundo corpóreo y fragmentado que experimentamos hoy. Con todo, cuanto mayor el descenso, mayor el ascenso que se lanza de éste. La terrible oscuridad de los últimos días de Tamuz y los primeros días de Av porta las semillas de una igualmente gloriosa "luna llena" el 15 de Av, una luna llena que representa el mundo armonioso y perfecto de Mashíaj que es producto y resultado de nuestro largo y amargo galut.